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viernes, febrero 24, 2012

Democracia, su sentido primigenio


Se adhiere José Fernández Santillán a la preocupación de Giovanni Sartori, al advertir, que quizá presa de su propia popularidad, la democracia corre el riesgo de convertirse en un término vacío, al que se recurre como manto cobertor de cualquier circunstancia política. Para evitar esto considera necesario retomar su sentido primigenio, que ubica en el pensamiento de Juan Jacobo Rousseau (pasando por alto, quizá, las aportaciones de la Grecia clásica):
Su tesis es muy sencilla: "el hombre ha nacido libre y por todas partes se encuentra en cadenas". Quiso encontrar la solución a ese dilema en un gobierno en el cual, el hombre, “obedeciendo a todos no obedezca sino a sí mismo”. Eso, para él, sería la verdadera democracia (directa) a la que llamó “República”: régimen en el cual todos mandan y todos obedecen a la vez, sin intermediarios. Al cuerpo político lo llamó también “Yo Común”. Pensó en una democracia sin partidos políticos, representantes, elecciones ni campañas. Para que la democracia tuviese vigencia efectiva debía transformar súbditos en ciudadanos; convertir a los individuos pasivos que sólo obedecen en personas activas que participan en la definición de las decisiones colectivas.
En nuestros días la ultima parte es descartada por imposible, no obstante, Fernández Santillán, que anota la poca recepción de Rousseau en México, mantiene como vigente la necesidad de la enseñanza cívica. Sobre la presencia roussoniana en nuestro país se puede leer el ensayo de Adolfo Sánchez Vázquez denominado Rousseau en México y esta nota, con motivo de una nueva edición de la obra citada.

domingo, noviembre 20, 2011

Revolución

sábado, noviembre 05, 2011

La importancia de los debates

El papel del moderador en los debates, que debe tener presente que el ejercicio democrático no los tiene a ellos por eje, es una tarea distinta al periodismo; se trata de un facilitador para que los candidatos puedan decir lo que quieren transmitir; los ataques y señalamientos corresponde hacerlos a los candidatos, que tienen que decidir entre la preparación de frases estratégicas a ser expuestas durante el debate y la frescura de la espontaneidad.

La resistencia de políticos que odian tener que enfrentar el reto de los debates, mezquinos, al verlos como algo que ofrece poco por ganar y en cambio mucho por perder es extendida. Los cambios de contexto entre los debates de antes y los de hoy muestran una preferencia a los pleitos así como la inducción a los mismos por parte de los moderadores.

Son estos algunos de los temas que se desarrollan en esta reflexión para Facebook dirigida por David Brinkley con expertos en la materia. La discusión inicia al minuto 5.


Watch live streaming video from facebookdclive at livestream.com

martes, octubre 18, 2011

Una nueva "secularización"

 
En la conformación del estado moderno fue fundamental el proceso de secularización, entendido como el desapego respecto de las principios y, en general, de la influencia religiosa en la conducción de los asuntos públicos.

La fotografía de Michael Falco sugiere el reclamo de ciudadanos para llevar a cabo una nueva forma de independización de Leviathan, que le permita atender prioritariamente los asuntos que aquejan a la comunidad sobreponiéndolos a intereses particulares. En este caso, en lugar de la exigencia de separar al estado de la iglesia, la demanda es inmunizar a los gobiernos del influjo de las grandes corporaciones.

viernes, septiembre 09, 2011

Sobre la popularidad de Carl Schmitt


Es usual entre los políticos recurrir al expediente de fijar líneas ideológicas arbitrarias que dividen y clasifican a la totalidad en bandos. ¿Cuál es la utilidad para los políticos de reducir el debate a términos binarios? Se deja de lado la complejidad, que siempre requiere de esfuerzos arduos para su comprensión, simplificándose el debate; se fuerza a los demás a apoyar uno de los extremos; se facilita la confección de alianzas en torno a quien delimita los campos, sobre todo si construye una figura impresentable del adversario, de forma que los defectos propios palidezcan frente a la alternativa; se diluyen los intereses que se escudan bajo la bandera de una "causa". Asi creo que se usa en México y en Estados Unidos, declarar guerras contra un adversario abominable es rentable, exalta las emociones y fomenta la movilización para enfrentar al enemigo común. "O estas conmigo o está con ellos" es la herramienta retórica con la que se atosiga a la ciudadanía para repudiar al adversario al que se identifica como los malos, los tontos, la mafia, lor perversos, los otros, que no son como uno.

Para Maru Caldor es raro que sea tan popular pensar en términos binarios en política ya que se pierden matices propios de todas las áreas de la cultura. Carl Schmitt, y no es el único, simplifica al decir que todas las disciplinas del conocimiento se pueden entender en términos de polos de contrarios, lo belllo y lo feo, lo bueno y lo malo, etc. Para Kaldor, que no se mete a las ventajas de la propaganda polpítica sino a la teoría, dice que se debe en parte al miedo.

En la teoría de Schmitt la soberanía conlleva la facultad de decretar el estado de excepción y determinar al enemigo para dar contenido a la actividad política, esto justifica y facilita el empleo de los medios propios de la guerra. Geroge W. Bush, muy presto a las cruzadas mediáticas con lenguaje bélico, todavía se concibe como un presidente que ejerció el liderazgo de la nación más poderosa del mundo bajo tiempos de guerra. La politica, nos recuerda Caldor, tiene mucho que ver con el debate y la colaboración, la guerra es por regla general representación del fracaso de la política, más que su máxima espresión.

viernes, julio 29, 2011

Corporaciones y democracia


El profesor de la London School of Economics, David Beetham enuncia las siguientes como características de un régimen legítimo:
  • la conformidad con las reglas establecidas;
  • la justificabilidad de las reglas por referencia a creencias compartidas, y
  • el consentimiento expreso de los subordinados a las particulares relaciones de poder. 
En relación con el escándalo desatado en Inglaterra por las escuchas ilegales alentadas por News Corp. el profesor Beetham llama a no distraerse respecto del problema de fondo, del cual dicho enredo es sólo una manifestación:
The News International scandal has rightly caused public outrage and led to a sea-change in relations between UK politicians and media moguls. Yet Murdoch’s empire has been only part of a much wider structure of unaccountable power which has exercised a dominant influence over British politics and policy making in the past two decades or more. This ‘unelected oligarchy’ extends to the corporate sector as a whole, including the major financial and banking institutions.
A pesar de la rendición de cuentas que en estos momentos se desarrolla en el Parlamento inglés, el añejo entramado de relaciones e intereses entre los políticos y los corporativos ha permitido, según el profesor, el advenimiento de una oligarquía  cuyos integrantes no han sido elegidos por nadie:
Now it can be argued, and indeed has been, that the scandal of News International has shown Britain’s democracy to be in good working order. Public opinion has been energetically aroused and effective, Parliament has responded with timely debate and cross examination, senior police officers have resigned and public enquiries have been set up to investigate thoroughly and propose reforms. Yet the crassness of the illegalities exposed in the News International affair has been wholly exceptional in its systemic character and in the universal condemnation it has prompted. And it serves to distract attention... from the ongoing embrace of the corporate world by politicians... The same bankers who are lobbying fiercely to water down the forthcoming Vickers report on banking reform provided half the funds for the Tory 2010 election campaign, and have intimate links with the UK Treasury. The private health firms which still expect fat contracts from Lansley’s NHS ‘reforms’ have funded Tory think tanks and research projects, and have close links with the Ministry of Health.
Habría que apuntar que, en todo caso, muchos de los aliados de esta oligarquía que Beentham denuncia sí han pasado por las urnas, así sea a través de procesos electorales influenciados por campañas auspiciadas por sus poderosos patrocinadores. No obstante, la participación ciudadana, apunta con justicia, ve disminuida su influencia, pervirtiéndose con ello el régimen democrático, frente a la operación de este engranaje de intereses que ha forjado una multiplicidad de relaciones de dependencia recíproca: 
The power of electoral opinion and public voice is tiny when compared with this well-oiled inside track. The democratic principles of popular control and political equality have never been further from realisation in modern times than in Britain’s democracy today.
Volviendo al caso de la compañia de Murdoch y lo que pone a la luz pública, podríamos decir, siguiendo los parámetros de legitimidad política enunciados al inicio, que la organización política inglesa (juicio que podría extenderse a otras muchas) presenta déficits en al menos el primero y el último de ellos. Es decir, en ella las corporaciones gozan de privilegios de trato que, al menos temporalmente, como en el caso News Corp., les ha permitido dilatar el seguimiento y persecución de sus prácticas ilícitas por parte de las autoridades policiales; así mismo, por la reacción de indignación de la ciudadanía inglesa, es evidente, al menos para el caso de la empresa mencionada, el rechazo generalizado a las relaciones que han permitido este estado de cosas.  

jueves, julio 28, 2011

La política de la descalificación

Motivada por el estado del debate político en Estados Unidos, pero con reflexiones plenamente aplicables también para México y el resto del mundo, Anne Applebaum en Slate utiliza el caso del fanático noruego Bhering Breivik para apuntar la luz de la linterna sobre el tunel al que puede conducir el empleo de la retórica de la falta de legitimidad como estrategia política dominante o exclusiva:
This particular form of obsession is not new. Nor is it confined to blond, white, racist Norwegians. Raskolnikov, the hero of Fyodor Dostoevsky's Crime and Punishment, brutally murdered a pawnbroker in the name of a vaguely defined "freedom" that was not available in decadent, czarist St. Petersburg. Since then, revolutionaries and madmen of all kinds, from the Russian anarchists to the Irish Republican Army, have justified the murder of innocent people on the grounds that it would hasten the end of an illegitimate government and bring to power some theoretically more authentic  regime.
 Desde mi punto de vista la "prueba de la legitimidad" debe estar colocada como exigencia perenne sobre los hombros de quienes ejercen poder, Applebaunm se refiere, no obstante, a una degeneración que, utilizando torcidamente dicha idea, cancela las vías del debate y de la obtención de soluciones negociadas, postura dogmática que encuentra terreno fértil en intelectos pobres y de tendencias absolutistas, que rechazan las reglas de la democracia:
In the past, left-wing illegitimists were quite common, and in fact Marxism is a classic, paranoid version of this creed. The illegitimist Marxist argument goes like this: Bourgeois democracy is a sham; bourgeois politicians and the bourgeois newspapers are tools of shadowy financial interests. The entire system deserves to be overthrown—and if a few people die in the course of the revolution, it's all for a good cause. Though not every Western Marxist advocated violence, this is certainly the kind of argument that motivated the Weathermen, the Baader-Meinhof gang, and other far-left American and European terrorists of the past. There is also a right-wing version of this argument, one that has been honed to perfection by novelist Charles McCarry (in Lucky Bastard, he imagines that the Bill Clinton-like American president is a Communist agent and his Hillary-like wife is his controller). More recently, right-wing illegitimism has taken the form of birtherism. The attempt to prove that Barack Obama isn't American-born was, at base, an attempt to prove that he is illegitimate and that he therefore deserves to be removed from power—somehow. Birtherism is also linked to other forms of illegitimism, such as the belief that Obama is a Muslim, and is thus controlled by international jihadists, or the belief that he is "Kenyan" and thus motivated by anti-colonial hatred of white people in general and Americans in particular. It is not accidental that the one note of sympathy for Breivik in the U.S. media came from the lips of birtherist and illegitimist Glenn Beck, who helpfully compared the young Norwegians murdered by Breivik to "Hitler Youth." Presumably if they are Hitler Youth, then they deserved to die?

sábado, julio 09, 2011

Democracia, una definición electoral


Recojo de artículo de Liébano Sáenz (Lo que se puede aprender de la derrota)  una definición, quizá involuntaria, de democracia desde una perspectiva de competencia electoral, es decir, una idea para asumir como participante de un sistema democrático que recurre temporalmente a la consulta de preferencias ciudadanas, expresadas a través del voto, para definir a quienes habrán de ejercer las funciones y el poder públicos:
 ... la democracia es un ejercicio de didáctica continua sustentado en la tesis de que no hay derrotas fatales ni triunfos perennes... (en ella) el éxito próximo se construye a partir de la forma en la que se procesa la adversidad.

martes, junio 21, 2011

Democracia, una descripción anónima


Nos comparte Luis Rubio, en su colaboración titulada Pacto y democracia, una descripción hecha por anónimo diplomático egipcio acerca de lo que es la democracia:
es de hecho una dictadura estricta donde cada ciudadano es su propio dictador. El ciudadano en una democracia se impone a sí mismo una etiqueta estricta: no empujar; no robar; no hostigar a las mujeres; no insultar o hacerle daño a otros; pararse en los semáforos, incluso a las tres de la mañana; no estafar en los negocios; mantener la puerta abierta para la persona que viene detrás de uno; pararse en una cola y no intentar saltarse lugares; no comportarse en formas socialmente inaceptables; y todas las reglas que un ciudadano en una democracia se siente obligado a cumplir sin más. Ese ciudadano cumple las reglas no por temor al régimen, sino por su propia disciplina y la convicción de que cada quien tiene la responsabilidad de hacer su parte para que la sociedad funcione tersamente.
Al articulista le llama particular atención la relevancia del rol ciudadano en la posible determinación del tipo de organización política: "En un entorno democrático, el ciudadano asume su responsabilidad como factor central de funcionamiento del conjunto social, en tanto que en un sistema autoritario o, simplemente, no democrático, el ciudadano no asume responsabilidad alguna". De esta manera, la liga democracia-participación vendría a contrastarse a la diversa centralización-autoritarismo al observarse los sistemas políticos.

El diplomático anónimo hace referencia, quizá sin proponérselo, a una variante o aspecto de la responsabilidad o virtus ciudadana como elemento definitorio de la democracia, característica que lo hace libre en tanto participante activo de la vida de la polis, idea que es una de las que marcan la pauta de la discusión teórica sobre la democracia entre el liberalismo y el republicanismo contemporáneos. Se trata, ni más ni menos, de "la libertad de los antiguos" contrastada con la libertad de los modernos". La antítesis sería la reducción individual a un estado pre cívico alentado por el egoismo, sin la aceptación de la carga de formar parte de una comunidad, en el mejor de los casos free rider que pide pero no da al grupo social:
cada persona hace lo que quiere en cada momento, sin autocontrol o consideración por los demás, sin sentirse atado ni a las reglas más básicas de conducta. La luz roja en un semáforo es una mera recomendación; la corrupción es la norma; cada quien puede construir lo que quiera y donde quiera; cualquier persona se siente libre de nombrar a sus hijos o familiares para cualquier posición, independientemente de sus habilidades; y el recurso a la violencia contra el débil es ampliamente prevalente. El individuo se siente libre de actuar de acuerdo a sus impulsos y no tiene que rendir cuentas de sus acciones o faltas a nadie
En este orden de ideas, se sigue que en una organización política en que la práctica cívica ciudadana decaiga hasta hacerse decrépita, el pacto implícito entre iguales que permite el autogobierno se vuelve ilusorio.

De tal circunstancia no es difícil derivar un acercamiento al estado de naturaleza hobbesiano, con la consecuencia indefectiblemente del imperio de los más fuertes o hábiles frente a autoridades apenas dotadas de respaldo que poco pueden hacer frente a esos impulsos.

sábado, junio 18, 2011

Un llamado a favor de la política


Se percibe preocupación en Liébano Sáenz al leerse su artículo La política está enferma de polarización, en el que señala un regreso, que considera es alentado de manera importante desde el gobierno, a un tóxico ambiente de recriminaciones y acusaciones con el fin de obtener un mejor resultado electoral mediante la resta de aprecio en la opinión pública del adversario denostado: 
El país gradualmente va hacia una pendiente peligrosa que es la de la polarización. La confrontación del gobierno y del PAN con las fuerzas políticas opositoras a ratos parece dirigirse a terrenos ya experimentados hace seis años que nos llevaron a una elección muy accidentada y al desencuentro posterior entre ganadores y perdedores. Es evidente que no se aprendió la lección del pasado inmediato... El país padece problemas sumamente graves en muchos frentes como para que sus gobernantes se distraigan en una ofensiva verbal con evidentes propósitos partidistas y electorales. El contexto que vive la fuerza política en el gobierno no debiera ser resuelto mediante la partidización de las instituciones públicas... Nadie debe apostar al deterioro de la civilidad y urbanidad políticas con el solo propósito de permanecer en el poder.
Invita el articulista a ubicar en su justa dimensión la contienda electoral, subordinándola a la necesidad de contar con un gobierno funcional y una sociedad plural que confíe, agregamos nosotros, en la política como mecanismo para discutir las ideas y para conducir en la búsqueda de los anhelos:
Es preciso desde ahora tener en claro que una vez que concluyan los comicios, debe darse la reconciliación y la concordia, que la democracia represente un activo para dar lugar a gobiernos eficaces para atender y dar respuesta a los grandes problemas nacionales. Para ello es indispensable construir desde ahora, bajar el encono, evitar la polarización y ampliar el terreno compartido por la pluralidad política nacional.
Más que una denuncia a la polarización, a la crítica de la perversidad maniquea, el desenvolvimiento del texto, quizá sin que ese hubiera sido el propósito primario de su autor, se puede aprovechar más como un llamado a no distraerse en enconos y a entender la política, a final de cuentas, como una serie de actividades mediante las cuales los grupos humanos toman decisiones colectivas, un espacio en que se dilucida sobre la cosa pública y en el que, por lo tanto, no son legítimas las exclusiones, que conducen al despotismo, ni aceptables el abandono y la resignación, que lo toleran.

En este orden de ideas mucho contribuiría el dejar atrás la concepción schmittiana de la política, tan apreciada simplistamente por muchos, y retomar, entre otras, la concepción que de dicha actividad nos aporta Hannah Arendt (La promesa de la política, Paidos):
La política se basa en el hecho de la pluralidad de los hombres... producto humano, terrenal, el producto de la naturaleza humana... La política trata del estar juntos y los unos con los otros de los "diversos".  Los hombres se organizan políticamente... a partir de un caos absoluto de las diferencias... El hombre, tal como la filosofía y la teología lo entienden, sólo existe -o se realiza- en la política, con los mismos derechos que los más diversos se garantizan... La política surge en el "entre" y se establece como relación... Sólo hay libertad en el ámbito particular del "entre" de la política...

domingo, mayo 29, 2011

Patria, pueblo y dictadores

Las referencias a los ambiguos términos de "patria" y de "pueblo" son comunes en la justificación de las acciones de los gobernantes y de quienes aspiran a serlo, a veces relacionadas a la noción vaga del "interés superior" de lo que dichos conceptos pretenden expresar; el recurso a la idea de "nación" también es usado en términos muy semejantes a los mencionados. Juan Goytisolo, en su colaboración para El País del día hoy titulada  Los dictadores y sus pueblos (que no aparece en la versión en internet, aunque la tengo frente a mí en la versión impresa) dedica algunos párrafos al tema, plenos en sarcasmo demoledor para quienes utilizan este recurso discursivo. Nos permitimos citar dos de ellos:
El amor de los dictadares a sus pueblos no requiere demostración alguna. Puede medirse por el número y variedad de armas y municiones que emplean para mantenerlos en la vía del progreso y la paz social trazada por ellos, vía amenazada por enemigos internos y externos, por "bandas de facinerosos al servicio del terrorismo internacional".

Para defender los logros  conquistas del pueblo, escuchamos aquí, allá y acullá, estamos dispuestos a todo: a sacrificar incluso al propio pueblo. El amor de los dictadores árabes y no árabes... a la patria con la que se identifican no tiene otro límite que la muerte, ya sea la suya propia, ya la de un número en verdad secundario de sus bienamados súbditos.
Nota: no he dado con la información para dar crédito al autor de la caricatura, la cual encontré en este sitio.

martes, mayo 24, 2011

Constitución, política y modernidad


Creo que podríamos decir que Garret Epps adopta la visión que ve al derecho, y en particular a los textos constitucionales, como una especie de tratado de paz, cuyo desarrollo discursivo e interpretación sustituye el empleo de las armas en los conflictos sociales, lo cual, no obstante, da lugar a que surjan verdaderas mitologías constitucionales, especialmente en tiempos de cambio:
Constitutional argumentation is a means Americans employ to keep from killing each other. Ridiculous claims about the Constitution, then, may often be a sign of political health rather than sickness... So it's not surprising that, as we lurch toward summer, the national air is filled with claims about the "plain meaning" and "clear intent" of the Constitution; it's also not surprising that the "plain meaning" asserted isn't usually to be found in the actual text, and the "clear intent" supported often has no foundation in the actual history.
Epps denuncia en The Atlantic la utilización del recurso a las supuestas intenciones originales de los creadores de los textos constoitucionales como una elaboración sin fundamento histórico de la retórica conservadora que trata de nulificar el avance social:
... the current far-right campaign is aimed at an even broader target: it seeks to convince us that the Constitution somehow forbids the United States from becoming a modern nation-state, with an integrated economy, a rational health-care system, a unified national citizenship, an open electoral process, and a system of bedrock civil and political rights.
Frente a la obsolecencia y arcaismo inevitable en los textos constitucionales, y la necedad de los legos en la materia a recurrrir a la literalidad como única razón argumentativa (precisamente el más póbre de los métodos de interpretación), aderezada con "adivinanzas" interesadas sobre lo que "pensaron" los autores de los textos, algo más interesante que podrían hacer los estudiosos de la constitución, en vez de recitar textos y completarlos con "arqueología" defectuosa, sería el señalamiento preciso de los principios constitucionales, el estudio de lo adecuado o defectuoso que ha sido su desarrollo por la legislación y hacer ejercicios de ponderación en caso de que compitan dichos principios entre sí, tomando en cuenta, como base, las argumentaciones constitucionales exitosas y las sentencias de los tribunales constitucionales y de derechos humanos que han tratado de resolver problemas que inciden en la vida de las personas de nuestros días. Un ejemplo de lo anterior lo encontramos en este artículo de Ana Tovar en Nexos.

domingo, mayo 22, 2011

Pensando la democracia


Enttre las numerosas planas de información de El País del día de hoy dedicadas al movimiento 15-M, las inteligentes reflexiones contenidas en los ocho párrafos de Lluis Bassets, La democracia soñada, justificaron por sí la compra del periódico. Mucho que comentar, sobre todo para pensar el concepto de democracia, no obstante, para empezar anoto las siguientes ideas que van en la línea de remarcar un cierto rebasamiento u obsolecencia de los institutos políticos formales como instrumentos de las inquietudes contemporáneas de la ciudadanía y el desconcierto de quienes los encabezan, impávidos frente a un fenómeno para el cual no pueden tener respuesta:
Nada hay más inquietante para los estados mayores políticos que un fenómeno fuera de control y de agenda. No cabe responder con encuestas ni consultar a los expertos y a los focus group. No hay campaña de publicidad que sirva. Ni siquiera se sabe a quién puede beneficiar o quién puede sacar tajada...

Si la democracia se constituye frente a la dictadura, ¿por qué no se puede reconstituir frente al anquilosamiento y la disfuncionalidad? Ahí están los tres elementos del cóctel: un cambio generacional, la tecnología de las redes sociales y la crisis económica que quita trabajos, viviendas y esperanzas.

La democracia real denuncia la idea de una democracia de ficción o virtual, que ya no es efectiva. Pero sería peligroso que toda democracia fuera tachada de ficticia y que se propugnara una democracia arcangélica cuya esencia y sistema de funcionamiento nadie conoce.

sábado, mayo 14, 2011

El destino de la República


En relación con la idea de la "virtud cívica" anotamos un par de párrafos del artículo de hoy de René Delgado en Reforma, que considero recogen una convicción que se comienza a difundir entre la ciudadanía observadora del comportamiento de la clase política, aunque para muchos no constituirá algo novedoso ni exclusivo de nuestro país:
El denominador común de la postura de los partidos y la administración frente a la circunstancia nacional es claro: no creen en la ciudadanía, les interesa -en el mejor de los casos- como mercadería electoral pero, en el fondo, sólo toman en cuenta a los grupos de poder. No logran remontar la visión patrimonialista de la política, ni verse como instrumentos o representantes de la ciudadanía.

En ese punto cobra importancia la movilización ciudadana, la decisión de no dejar en los partidos y la administración el destino no de la próxima elección, sino de la República. Eso es lo que se juega.

lunes, abril 25, 2011

Ideas republicanas

La célebre definición de democracia de Abraham Lincoln "el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo" se corresponde bien poco con la experiencia de los ciudadanos en el mundo contemporáneo, inclusive en las democracias más consolidadas perciben que su periódico acto de votación tiene muy poco que ver con cualquier forma de autogobierno colectivo, toda vez que la decisiones básicas están lejos de quedar bajo su control. Con estas afirmaciones inician Félix Ovejero, José Luis Martí y Roberto Gargarella su excelente estudio a la obra compilatoria Nuevas ideas republicanas, autogobierno y libertad, que bajo el sello de Paidós presenta ensayos de los que consideran son los más representativos exponentes de las ideas que animan al moderno republicanismo en la filosofía política contemporánea: Michael Sandel, Quentin Skinner, Philip Pettit, Cass R. Sunstein, Jurgen Habermas, Will Kymlicka, Alan Patten y Anne Phillips. Todos ellos dearrollan sus ideas sobre la crítica a lo que podríamos llamar concepciones "restringidas" de la libertad, la ciudadanía y de la propia democracia como sistema político.

La "tradición republicana", nos informa Robert A. Dahl (La democracia y sus críticos, Paidós), se basa en Aristóteles y ha sido conformada por las experiencias de la Roma republicana y de la República de Venecia, sujeta a interpretaciones diversas a fines del Renacimiento por Guicciardini y Maquiavelo y reformulada y reinterpretada en Inglaterra y Estados Unidos en los siglos XVII y XVIII. Aunque esta tradición se apartó del pensamiento democrático griego comparte con él algunos de sus supuestos: 1) el hombre es por naturaleza social y político; 2) los seres humanos deben convivir en una asociación política para realizar sus potencialidades, 3) un hombre bueno debe ser también un buen ciudadano; 4) un buen sistema político requiere buenos ciudadanos; 5) un buen ciudadano es aquél que posee el atributo de la virtud cívica; 6) la virtud es la predisposición a procurar el bien de todos en los asuntos públicos, y 7) un buen sistema político no sólo refleja la virtud de sus integrantes sino que la promueve.

En congruencia con lo expuesto, Ovejero, Marti y Gargarella denuncian que muchos de los ámbitos en donde las gentes desarrollan buena parte de su vida social están sometidos a relaciones de autoridad que abarcan aspectos fundamentales de su existencia y en cuya determinación no sólo no participan, sino que les son impuestas. De esta manera poblaciones enteras pueden ver cómo sus condiciones de vida cambian de la nocha a la mañana no como resultado de sus decisiones, de sus esfuerzos o de sus errores, sino de flujos financieros o de poderosas voluntades especuladoras. Bajo esta influencia las propias instituciones políticas no actúan en respuesta a las demandas de sus ciudadanos, sino tratando de suministrar a los mercados "buenas señales".
 
Esto se acompaña de lo que llaman una esclerotización de los mecanismos de participación y debate, apatía política de los ciudadanos, quiebra de las condiciones de cohesión (desigualdad y carencia de condiciones minimas de bienestar), corrupción y mercado de favores, privatización de la vida política, filtros económicos que limitan el acceso a la arena política.

Bajo la concepción del republicanismo la libertad no es sólo ausencia de coerción, sino también ausencia de dependencia. De esta forma se afirma que no toda interferencia en el ámbito privado es injustificada, estará justificada si es justa. La libertad tiene que ver con el autogobierno, con la capacidad de la comunidad para tomar el control de su propio destino, por lo que se debe superar la idea de un estado neutral, ascéptico, para reemplazarla por la idea de un estado activo en materia moral.

En este orden de ideas la ciudadanía es una condición que no se agota al proporcionar a los individuos derechos vinculados a la libertad, sino que también le exige asumir determinados deberes, más allá del mero respeto a los demás. El ciudadano ha de asumir un compromiso en relación con los intereses fundamentales de la sociedad, para lo que es indispensable activar aquellas energías que resultan básicas para el debate democrático.

La visión liberal de la democracia entiendería a ésta como una lucha entre diferentes grupos que compiten entre sí por ganarse el favor de los individuos en las contiendas electorales y, para dicho fin, tratan de presentarse ante los electores como opciones atractivas, acomodando sus programas y propuestas a los intereses que busquen captar. Bajo esta manera de entender la democracia los ciudadanos actuan como "consumidores" pasivos y orientan sus votos únicamente a las opciones que les aseguran la defensa de sus intereses, escogiendo entre las distintas "ofertas" políticas de modo parecido a como escogen entre distintos productos en el mercado. Si las personas quieren obtener el poder, deben proporcionar ofertas electorales que atraigan el mayor número de votos posibles. Los ciudadanos agotan su actividad política en el acto de votar.

En contraste, para el republicanismo es trascendental el mantenimiento de la estructura que hace posible tanto la libertad individual como la libertad colectiva. Una sociedad democrática debe asegurarse de que se dan las condiciones para separar las buenas preferencias de las malas o para corregir estas últimas. La democracia, en un sentido fuerte, significaría un sistema político en que la ciudadanía participa activamente, en donde el gobierno no queda en la mano de unos pocos, de una aristocracia elegida. Los debates colectivos vienen a ejercer un efecto positivo sobre la cultura común, en la medida en que se vaya asentando la práctica de adoptar sólo aquellas decisiones que encuentran respaldo en razones públicamente aceptables.

domingo, abril 03, 2011

Intereses vitales

Robert Gates acaba de declarar que detener la violencia en Libia no constituye un interés vital de Estados Unidos, sin embargo que se trata de una razón lo suficientemente importante como para que formen parte importante de la coalición de la OTAN que ha intervenido en dicho país.

Para aclarar el punto Christiane Amanpour  cuestionó, en inteligente entrevista, al general retirado Jim Jones, exasesor del presidente Obama en materia de seguridad nacional, sobre el particular. El concepto sigue escurridizo pero coincide con Gates, al señalar que los acontecimientos en Libia no representan una amenaza directa a la seguridad de  Estados Unidos. Desde su perspectiva, la inestabilidad libia afecta más los intereses vitales de los europeos, en especial por las repercusiones migratorias y de encarecimiento del petróleo.

La participación de Estados Unidos en la alianza de la OTAN se justificaría por la necesidad de mantener su papel de liderazgo en el mundo, que ha tomado la determinación de que Gadaffi debe dejar el poder y por evitar una masacre, ello a pesar de que se desconoce quiénes son los rebeldes, u "oposición", como prefirió denominarles Jones, salvo que se oponen al régimen en vigor. Al discutir sobre Yemen, donde no se sabe por el momento quien "deba" quedar con el poder, dio a entender que los intereses vitales de una potencia van en el sentido de hacer el mundo "más perfecto", entendida dicha perfección, ambiguamente, como una configuración "de la manera como se desea".

jueves, marzo 10, 2011

Fukuyama, la evolución del orden político

Quien decía que la historia, entendida como la lucha de ideologías combatientes, había finalizado, vuelve a recrearla, ahora sobre bases diferentes, para comprender mejor nuestros días. En efecto, según nota de Nicholas Wade, en libro a salir al público el próximo abril, The Origins of Political Order, Francis Fukuyama se adhiere a los estudios de biología evolutiva aplicados a la sociología (Edward O. Wilson) al hacer un repaso de la evolución de las estructuras sociales humanas a través de la historia.

De esta manera, se afirma que la política humana en su camino por forjar modalidades de ordenación social se encuentra regida por pautas constantes de comportamiento (en respuesta a los estímulos del medio ambiente) a través del tiempo atravezando las culturas, tales como ciertos tipos de favoritismo, el acatamiento a reglas, la reciprocidad y la propensión a solucionar conflictos mediante la guerra:
“We take institutions for granted but in fact have no idea where they come from... Institutions are the rules that coordinate social behavior. Just as tribes are based on the deep-seated human instinct of looking out for one’s family and relatives, states depend on the human propensity to create and follow social rules.
Fukuyama anota lo que desde su punto de vista es un continuo en las evolución de estructuras políticas, en lo que advertimos algunos elementos hobbesianos, de la siguiente manera:
  • El primer desarrollo fue el paso de grupos de cazadores y recolectores a tribus, facilitados por la costumbre de rendir culto a antepasados comunes al grupo social, el tótem. Esto motivó a otros grupos a asociarse de la misma manera o enfrentar el riesgo de ser destruidos por la tribu, que podía movilizar a los hombres más facilmente para la guerra.
  • La guerra también fue determinante para la evolución de la tribu a la organización política estadual, con instituciones administrativas configuradas, que podía garantizar un mayor grado de establilidad que la tribu, forjada en torno a la persona y vida del líder. Este paso supuso  un sacrificio significativo del grado de libertad del hombre para someterse a la coercitividad estatal a cambio de protección. 
  • En Europa el paso del tribalismo al estado tuvo una estación intermedia en el feudalismo. Factores geográficos, históricos  y de desarrollo institucional dieron lugar a formas distintas de evolución hacia el estado en China, India, Europa y el mundo islámico.
  • El absolutismo cedió en Europa por el vigor de los señores feudales y por la idea del estado de derecho (la superioridad de la ley sobre el soberano), producto de la negociación y de la tradición codificadora canónica, lo que se manifestó en la formación de un incipíente derecho civil y constitucional.
  • Las intituciones que nacieron dentro de los estados fueron adquiriendo prestigio y estima social, frecuentemente ligadas a la religión, lo que constituyó un importante factor de estabilización del orden social resultante.
Esta valoración de las instituciones por las personas, sobre todo cuando se ve influenciada por inputs religiosos, es una de las razones por la cuales resulta harto difícil implantar formas de organización y prácticas políticas en lugares en los cuales no existe una tradición que las acompaña o, inclusive, cuando se enfrentan a tradiciones en sentido contrario: "Institutions, though cultural, can be very hard to change. The reason is that, once they are created, people start to invest them with intrinsic value, often religious...It’s extraordinarily difficult to create institutions in other societies."

La misma democracia no deja de ser para Fukuyama algo más que un accidente de la historia:
My argument is that the rule of law comes out of organized religion, and that democracy is a weird accident of history... Parliaments in Europe had legal rights, and it was a complete historical accident that the English Parliament could fight a civil war and produce a constitutional settlement that became the basis of modern democracy...In a parallel universe with no feudalism, European rulers might have been absolute, just like those of China. But through the accident of democracy, England and then the United States created a powerful system that many others wish to emulate...
En este orden de ideas, para el autor de El fin de la historia y el último hombre la pobreza de las naciones tiene mucho menos que ver con la falta de recursos que con el fracaso por parte de sus sociedades para establecer instituciones políticas eficaces, en particular, la ausencia o fragilidad del estado de derecho.

miércoles, marzo 02, 2011

El acecho de la plutocracia

El término plutocracia nos conduce a la idea de la prevalencia de los intereses de quienes tienen poder económico, a la influencia del dinero y de los sectores financieros sobre el poder público, al ejercicio del mando en beneficio de los sectores más acaudalados de la sociedad.

En las definiciones clásicas griegas de las formas de gobierno no encontramos referencia específica a la plutocracia como posible modalidad de gobierno, sin embargo sí se observa el problema que la acumulación de riqueza en pocas manos presenta a la sana organización de la comunidad política. Platón postula la desaparición de la propiedad privada para soldados y gobernantes, debido a los perniciosos efectos que dicha propiedad puede llegar a ejercer sobre los hombres responsables del gobierno de la república. Por otra parte, en Aristóteles la preocupación por la concentración de riquezas se convierte en razón de estado: "... todos los sistemas públicos, por diversos que sean, reconocen ciertos derechos y una igualdad proporcional entre los ciudadanos, pero todos en la práctica se separan de esta doctrina... La desigualdad es siempre, lo repito, la causa de las revoluciones". Precisamente por este rol pernicioso que juega la acumulación inequitativa de riquezas y de poder en general, el filósofo de Estagira prescribe como función primordial del hombre de estado lo que sigue:
"... cuidar de que surja en el estado alguna superioridad desproporcionada... es sobre todo por medio de las leyes como conviene evitar la formación de estas superioridades temibles, que se apoyan ya en la gran riqueza, ya en las fuerzas de un partido numeroso."
En nuestros días Francis Fukuyama señala que si por plutocracia entendemos una desproporcionada influencia política de los ricos, no hay duda de que  Estados Unidos encuadraría en el supuesto. desde luego, afirma, que el dinero compra influencia política y que el lobby es, en la mayoría de los casos, un mecanismo de corrupción "legítima". Esto es posible en Estados Unidos, dice Fukuyama, porque: 1) el dinero suele acompañar causas políticas con cierta base social; 2) hay un menor rechazo cultural a la desigualdad que en Europa y otras partes del mundo; 3) existe una sobreestimada creencia en la posibilidad de movilidad social intergeneracional; 4) se promueve una ideología que  reviste los intereses de las grandes fortunas como fuentes del bienestar general, y 5) es alimentada exitosamente una gran desconfianza en el gobierno.

Recientemente John Atcheson llega inclusive a afirmar la culminación de un gradual golpe de estado plutocrático en Estados Unidos:
For thirty years, now, Republicans have been yammering about small government, deficits, the glories of the free market, and the incompetence and wastefulness of government. It’s all been a big lie, part of a well funded and cleverly executed coup d´etat, designed to enable the ultra rich and corporations to literally take power out of the hands of government and money out of the pockets of individual citizens. Democrats have either actively participated in the coup or watched in near silence. The press has been passively playing the part of a mute stenographer. The basis of this coup is simple – money has become the lingua franca of political power, eclipsing the vote.
Desde mi punto de vista la mayor amenaza es la evolución del impulso que anida en la idea de plutocracia como interiorización cultural, constatación del fortalecimiento de su aspecto ideológico o legitimador, como se apunta la definición del término por parte de Hilton Japiassú y Danilo Marcondes, apoyados en Renan, en reciente diccionario de filosofía:
Plutocracia. Del griego plutokracia, gobierno de los ricos. Regimen en que el poder es ejercido por los ricos. "Denomino plutocracia un estado de la sociedad en que la riqueza es el nervio principal de las cosas, en que nada podemos hacer sin ser rico, en que el objeto principal de la ambición es hacerse rico, en que la capacidad y la moralidad son generalmente juzgadas por la fortuna"

sábado, febrero 26, 2011

El discurso del tirano: reflexiones schmittianas

Los pensadores sobre la política que se consideran clasicos, así sea uno cuyo "clasicismo" sea tan controvertido  como lo es en el caso de Carl Schmitt, nos proporcionan conceptos y máximas que ayudan a reflexionar sobre los sucesos contemporáneos. Para echar mano en nuestros días de las categorías de Schmitt de manera provechosa, hay que hacerlo bajo una óptica proporcionada por gafas democráticas, salvo que nos contentemos con traerlo a la vida sólo para dejar patente cómo pensaba cierta corriente del derecho constitucional que llegó a simpatizar con la idea del estado total, lo que, en el caso de Schmitt, equivaldría a provocar la lluvia sobre un terreno ya muy mojado. Finalmente, todas las teorias son legítimas y ninguna tiene importancia, decía Borges, lo que importa es lo que se hace con ellas.

En este orden de ideas he de comentar que tuve la oportunidad de ver en tiempo real el discurso de Muammar Gaddafi, pronunciado precisamente en estos momentos en que la moneda que habrá de determinar a las fuerzas que se queden con el poder público en Libia se encuentra rotando por los aires. ¡Quedé estupefacto!

Al hacerlo observo a un viejo militar, pretendido padre de un pueblo y héroe de batallas legendarias, que reclama a sus hijos, repentinamente insomnes, la ingratitud manifiesa al exigirle que se largue. Contemplo a un eterno detentador del poder coercitivo furiosamente desconcertado al percatarse que más allá de dicho mecanismo de fuerza cuenta con pocos argumentos para justificar su permanencia al frente de una nación, a cuya ciudadanía nunca consideró con capacidad de interlocución política y que ahora, insolente, se niega a seguir sujeta a la forma existencial que sus progenitores han interiorizado.

Los reflejos del militar acostumbrado al culto forzado recurren al canto de discutibles glorias del pasado y al cobijo de los pendones oficiales para justificar el ejercicio del poder del futuro, sin percatarse de que los héroes terminan su labor con el reconocimiento a su gesta y los honores temporales que lo acompañan pero que al aspirar a convertirse en dioses vivientes derruyen toda leyenda.

El poder que por años se concentró en Libia no dejó espacio para el conflicto político secundario, por lo que hoy en la disputa todo es vital, los combatientes se juegan la soberanía del estado, la supremacía para determinar lo justo y lo injusto, lo pío y lo pecaminoso, se desvanece sin poder ser asida en estos momentos por nadie. En términos schmittianos esto significa que el estatus político se encuentra en receso, ya que no hay en ese territorio un núcleo de decisión y acción que pueda organizar una unidad política, el ser político desfallece y el plasma desperdigado busca el continente que lo vuelva a configurar y que pueda hacer la distinción entre el amigo y el enemigo, esencia de la existencia política.

El adversario combatiente es el agrupamiento humano que hasta hace poco se identificaba como súbdito pero que ahora reclama su lugar como elemento del estado; en Libia la divergencia política es el enemigo que merece la muerte, así lo dice Gaddafi mientras agita las tablas verdes de la ley y sus intolerantes mandatos, que no expresan más que lo que por años ha sido el producto de su autoritaria voluntad, pero es muy cuestionable que en estos momentos sea su querer el que pueda determinar quien sea el enemigo público, actor antagónico al cual sólo puede tratársele en escena mediante la destruccción. La amalgama social se niega a seguir siendo pasivamente configurada y rechaza las ahora sucias manos del configurador obsoleto y sus irritantes intimidaciones. El cuerpo político embrionario reacciona contra la enfermedad que detecta en el dirigente que lo condena, ¿quién tiene en esta circunstancia excepcional el derecho y la fuerza para decidir de manera definitiva quién es el anticuerpo y quién la enfermedad?

Cuando las palabras que recogen los libros de las leyes son las dictadas por la propia lengua la apelación al derecho resulta evidencia de cínismo. El derecho sin legitimidad sólo es formalidad, expresión de los intereses de los poderosos y, en casos de disolución del estado, técnica de conservación sin organización política del poder. No se acude a las normas para hacer eficaz un orden una vez que éste ha desaparecido, lo que se requiere en estas circunstancias es decisión que implante una nueva ordenación social: "Quien domine el caso de excepción, domina con ello el estado", dice Schmitt.

Mientras al auténtico dictador las formalidades jurídicas le estorban, el tirano recurre a ellas para perpetuarse. Su normativa, propia de una situación de excepción, en Libia ha sido durante la regencia de Gaddafi la normalidad. ¿A qué más puede recurrir para afrontar un caso de excepcionalidad si todas las herramientas del control social las tiene desplegadas desde que accedió al poder? El estado de sitio que se vuelve regularidad, al verse amenazado, no tiene escalones adicionales para elevar el acopio de sus recursos de poder salvo la guerra, que cuando se vuelve en la constante es sinónimo del estado de naturaleza. En tal situación no hay soberano ni estado y sin estado no hay derecho que se pueda esgrimir como directriz, de nuevo toda conducta es válida.

"El contenido de la actividad del dictador consiste en lograr un determinado éxito, algo que poner en obra: el enemigo debe ser vencido, el adversario político debe ser apaciguado o aplastado", afirma Schmitt, sin ambargo, a Gaddafi el apelativo de dictador le queda grande desde hace mucho tiempo sino es que desde siempre, la connotación del término rebasa la moralidad de lo que ha sido su actuar. El verdadero dictador, el caudillo llamado a superar una emergencia que amenaza la preservación de la organización política, no acude a normas generales para justificarse sino a la eficacia de su actuar, siempre constreñido a la estricta temporalidad que requiere el estado de necesidad. En Libia no  ha existido dictadura, hubo golpe de estado, tiranía y ahora guerra civil. El dictador tiene a la ruina social como adversario, aquí la crisis es causada por el gobernante vitalicio, la solución a su existencia problemática vendrá de sus adversarios al derrocarlo, de la escisión territorial del estado o de la imposición de una paz teñida de sangre que restaure la tiranía.

Para Carl Schmitt lo irracional terminará por ser instrumento de lo racional; en esta disputa el antiguo rebaño y la mayoría de los observadore acusa de locura al pastor intransigente que con su bastón lanza golpes que ya no intimidan a los resueltos. En el territorio libio no hay racionalidad de estado, ni tecnicidad ni ejecutividad, las tres vías de la auténtica dictadura, sólo se perciben dos pulsiones antagónicas, rencorosas: "me quedo", por un lado, y "lárgate", por el otro, y sin la presencia de la razón no se infiere la posibilidad de un espacio para la negociación.

La coexistencia de dos soberanías en un mismo territorio es imposible, una de ellas será el enemigo interno, conforme a determinación posterior al conflicto, la otra aspirará a ser heredero legítimador de Leviathan y librar a Libia del caos. El juego de máscaras se está desarrollando ante nuestra mirada. Hay fuerza bruta desperdigada por doquier, aspiraciones de libertad revueltas con intereses, cobardes durante años, ahora convenientemente revolucionarios, propaganda de ambos lados y toma de partido por parte de los espectadores de la tragedia, pero ninguno de los extremos puede proclamarse aún soberano e imponer el criterio que decida la circunstancia.

En Libia no se aprecia una lucha de ideas, hay negación de contrarios que sólo puede resolverse mediante la eliminación de uno de ellos, la victoria, si es definitiva, tratará de legitimar al victorioso. En revolución el derecho lo establecen los triunfadores, así hayan sido previamente calificados como sediciosos. En ella hay disponibilidad para morir en el afán de destruir a los hombres que están de parte del enemigo, con el fin último de trastocar los fundamentos jurídicos y resortes de poder del estado, según convenga a los vencedores.

No se trata de un problema de justicia o de moral, simple, pero también gravemente, es un problema de estado y "... si no hay estado posible, hablar de valores como la justicia es ocioso e imposible.", nos recuerda Schmitt. Los precedentes en la historia por la lucha del poder valen políticamente no por la naturaleza de los medios utilizados sino porque triunfaron y se justificaron: "Quien produce la tranquilidad, seguridad y orden es soberano y tiene toda la autoridad."

En este orden de ideas se ve muy difícil la recuperación de la autoridad por parte del megalómano que grita "Libia soy yo", "la revolución soy yo", "el pueblo soy yo", mientras recibe el repudio tanto en el espacio interior, cuya distribución y acomodo político no puede hacer más, como la condena de las fuerzas exteriores que trabajan para construir un nomos de la tierra bajo cuyas premisas morales se exige su expulsión y la de sus semejantes del gobierno sobre seres humanos.






martes, febrero 22, 2011

Democracia y oligarquía

Para Aristóteles la igualdad democrática fundada por la ley significa que los pobres no tendrán derechos más extensos que los ricos y que ni unos ni otros serán exclusivamente soberanos, sino que lo serán todos en igual proporción. Por tanto, si la libertad y la igualdad son las dos bases fundamentales de la democracia, cuanto más completa sea esta igualdad en los derechos políticos, tanto más se mantendrá la democracia en toda su pureza.

Por el contrario, la oligarquía consiste en la fijación de un censo electoral (requisitos para que la población cuente con derecho al voto) bastante alto, para que los pobres, aunque estén en mayoría, no puedan aspirar al poder, abierto sólo a los que poseen los ingresos fijados por la ley. Si la elección de los funcionarios públicos ha de recaer exclusivamente entre los incluidos en el censo, la institución parece más bien aristocrática y es oligárquica cuando el círculo de la elección es limitado. Otra especie de oligarquía se funda en la sucesión, a manera de herencia, en los empleos y funciones que pasan de padre a hijo. También estamos frente a una oligarquía cuando la soberanía es de los titulares de las magistraturas o autoridades, la cual sustituye al reinado de la ley. Esta última forma se corresponde perfectamente con la tiranía y también puede llamársele gobierno de la fuerza.

Muchas veces, advierte Aristóteles, aunque la constitución legal sea más bien democrática, la tendencia de las costumbres y de los espíritus es oligárquica, casi siempre el resultado de una revolución, no obstante, en ocasiones el movimiento oligárquico evita hacer innovaciones bruscas, prefiriendo contentarse con usurpaciones progresivas y de poca consideración; se dejan en pie las leyes anteriores pero los jefes de la facción oligárquica no son por eso menos dueños del Estado.

Lo anterior viene a la mente después de leer la columna del Premio Nobel de Economía Paul Krugman denominada Wisconsin Power Play, en la cual reflexiona sobre lo que en el fondo está en juego en el desafío político que se libra en el congreso de dicho estado entre el gobernador y sus aliados, por un lado, y el movimiento sindicalista y los suyos, por el otro:
For what’s happening in Wisconsin isn’t about the state budget, despite Mr. Walker’s pretense that he’s just trying to be fiscally responsible. It is, instead, about power. What Mr. Walker and his backers are trying to do is to make Wisconsin — and eventually, America — less of a functioning democracy and more of a third-world-style oligarchy.
Dicho intento, vaticinado por el filósofo de Estagira, ya lleva gran parte del trecho recorrido en el mundo de la realpolitik estadounidense:
In principle, every American citizen has an equal say in our political process. In practice, of course, some of us are more equal than others. Billionaires can field armies of lobbyists; they can finance think tanks that put the desired spin on policy issues; they can funnel cash to politicians with sympathetic views (as the Koch brothers did in the case of Mr. Walker). On paper, we’re a one-person-one-vote nation; in reality, we’re more than a bit of an oligarchy, in which a handful of wealthy people dominate.
Si el gobernador Walker y sus simpatizantes no esgrimen otro argumento que el mero equilibrio presupuestario, para lo cual no se requiere afectar la capacidad de negociación colectiva de las uniones de trabajadores, Aristóteles daría, sin duda, la razón a Krugman.