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lunes, abril 25, 2011

Ideas republicanas

La célebre definición de democracia de Abraham Lincoln "el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo" se corresponde bien poco con la experiencia de los ciudadanos en el mundo contemporáneo, inclusive en las democracias más consolidadas perciben que su periódico acto de votación tiene muy poco que ver con cualquier forma de autogobierno colectivo, toda vez que la decisiones básicas están lejos de quedar bajo su control. Con estas afirmaciones inician Félix Ovejero, José Luis Martí y Roberto Gargarella su excelente estudio a la obra compilatoria Nuevas ideas republicanas, autogobierno y libertad, que bajo el sello de Paidós presenta ensayos de los que consideran son los más representativos exponentes de las ideas que animan al moderno republicanismo en la filosofía política contemporánea: Michael Sandel, Quentin Skinner, Philip Pettit, Cass R. Sunstein, Jurgen Habermas, Will Kymlicka, Alan Patten y Anne Phillips. Todos ellos dearrollan sus ideas sobre la crítica a lo que podríamos llamar concepciones "restringidas" de la libertad, la ciudadanía y de la propia democracia como sistema político.

La "tradición republicana", nos informa Robert A. Dahl (La democracia y sus críticos, Paidós), se basa en Aristóteles y ha sido conformada por las experiencias de la Roma republicana y de la República de Venecia, sujeta a interpretaciones diversas a fines del Renacimiento por Guicciardini y Maquiavelo y reformulada y reinterpretada en Inglaterra y Estados Unidos en los siglos XVII y XVIII. Aunque esta tradición se apartó del pensamiento democrático griego comparte con él algunos de sus supuestos: 1) el hombre es por naturaleza social y político; 2) los seres humanos deben convivir en una asociación política para realizar sus potencialidades, 3) un hombre bueno debe ser también un buen ciudadano; 4) un buen sistema político requiere buenos ciudadanos; 5) un buen ciudadano es aquél que posee el atributo de la virtud cívica; 6) la virtud es la predisposición a procurar el bien de todos en los asuntos públicos, y 7) un buen sistema político no sólo refleja la virtud de sus integrantes sino que la promueve.

En congruencia con lo expuesto, Ovejero, Marti y Gargarella denuncian que muchos de los ámbitos en donde las gentes desarrollan buena parte de su vida social están sometidos a relaciones de autoridad que abarcan aspectos fundamentales de su existencia y en cuya determinación no sólo no participan, sino que les son impuestas. De esta manera poblaciones enteras pueden ver cómo sus condiciones de vida cambian de la nocha a la mañana no como resultado de sus decisiones, de sus esfuerzos o de sus errores, sino de flujos financieros o de poderosas voluntades especuladoras. Bajo esta influencia las propias instituciones políticas no actúan en respuesta a las demandas de sus ciudadanos, sino tratando de suministrar a los mercados "buenas señales".
 
Esto se acompaña de lo que llaman una esclerotización de los mecanismos de participación y debate, apatía política de los ciudadanos, quiebra de las condiciones de cohesión (desigualdad y carencia de condiciones minimas de bienestar), corrupción y mercado de favores, privatización de la vida política, filtros económicos que limitan el acceso a la arena política.

Bajo la concepción del republicanismo la libertad no es sólo ausencia de coerción, sino también ausencia de dependencia. De esta forma se afirma que no toda interferencia en el ámbito privado es injustificada, estará justificada si es justa. La libertad tiene que ver con el autogobierno, con la capacidad de la comunidad para tomar el control de su propio destino, por lo que se debe superar la idea de un estado neutral, ascéptico, para reemplazarla por la idea de un estado activo en materia moral.

En este orden de ideas la ciudadanía es una condición que no se agota al proporcionar a los individuos derechos vinculados a la libertad, sino que también le exige asumir determinados deberes, más allá del mero respeto a los demás. El ciudadano ha de asumir un compromiso en relación con los intereses fundamentales de la sociedad, para lo que es indispensable activar aquellas energías que resultan básicas para el debate democrático.

La visión liberal de la democracia entiendería a ésta como una lucha entre diferentes grupos que compiten entre sí por ganarse el favor de los individuos en las contiendas electorales y, para dicho fin, tratan de presentarse ante los electores como opciones atractivas, acomodando sus programas y propuestas a los intereses que busquen captar. Bajo esta manera de entender la democracia los ciudadanos actuan como "consumidores" pasivos y orientan sus votos únicamente a las opciones que les aseguran la defensa de sus intereses, escogiendo entre las distintas "ofertas" políticas de modo parecido a como escogen entre distintos productos en el mercado. Si las personas quieren obtener el poder, deben proporcionar ofertas electorales que atraigan el mayor número de votos posibles. Los ciudadanos agotan su actividad política en el acto de votar.

En contraste, para el republicanismo es trascendental el mantenimiento de la estructura que hace posible tanto la libertad individual como la libertad colectiva. Una sociedad democrática debe asegurarse de que se dan las condiciones para separar las buenas preferencias de las malas o para corregir estas últimas. La democracia, en un sentido fuerte, significaría un sistema político en que la ciudadanía participa activamente, en donde el gobierno no queda en la mano de unos pocos, de una aristocracia elegida. Los debates colectivos vienen a ejercer un efecto positivo sobre la cultura común, en la medida en que se vaya asentando la práctica de adoptar sólo aquellas decisiones que encuentran respaldo en razones públicamente aceptables.

domingo, abril 10, 2011

La unidad huidiza

Fue obsesión de Nicolás Maquiavelo delinear las características de un príncipe redentor que gozara de la prudencia y virtud necesarias para "liberar a Italia de los bárbaros", al lograr su unidad e independencia. Esa empresa que según el Secretario de la República de Florencia sería recibida en las provincias italianas, fastididadas del expolio extranjero, con amor, fe, sed de venganza y lágimas en los ojos, al menos en nuestros días, no se abraza con unanimidad en Italia que festejó, "entre disputas" dice la BBC, 150 años de "unidad nacional" el pasado 17 de marzo.

Umberto Bossi, líder de la Liga del Norte, el partido más poderoso de la coalición centroderechista del Primer Ministro italiano Silvio Berlusconi, calificó a las celebraciones de "inútiles" y "retóricas". Al celebrar la efeméride, se dice que Italia está más fracturada que nunca, tanto política como geográfica y económicamente. El país se ha parecido más a un mosaico de regiones con sólidas identidades locales que a un Estado-nación fuerte, anota Rachel Donadio en el New York Times, mientras John Foot, profesor de historia italiana en el University College, en Londres, percibe un creciente rechazo entre una minoría de italianos del actual Estado-nación tal y como está organizado: "Creo que el rechazo podría radicalizarse si llegaran a aprobarse formas radicales de federalismo."

Otros consideran estos tipos de divisiones intrínsecos a la cultura italiana, que se describe como una familia numerosa e indisciplinada, unida por el idioma y en gran parte por la religión, en constante disputa, pero nunca al grado de separarse. En esta orden de ideas, la sabiduría y el humor lo aporta Giuliano Amato, ex Primer Ministro, al decir:
"Necesitamos estar juntos para poder seguir discutiendo... Si no, ¿cómo podríamos continuar haciéndolo?”

lunes, marzo 21, 2011

Historia, conflicto y virtud política


Nicolás Maquiavelo y Joseph H. Schlarman fueron evocados por mi mente al leer el artículo de Enrique Krauze denominado la Exaltación del conflicto (el enlace es del Siglo de Torreón, toda vez que Reforma, que es el diario en que lo leí, sigue la minoritaria politica entre los medios informativos de limitar el acceso eletrónico a sus contenidos a quienes cuentan con una suscripción pagada).

Schlarman por la referencia a una sociedad cuya historia se encuentra eslabonada en la percepción colectiva como el paso de una convulsión humana resuelta violentamente a otra de la misma naturaleza, en desmedro de la atención que debería prestarse a la resolución concertada de las disputas y a la negociación política:
La historia mexicana es un paisaje volcánico con erupciones violentísimas seguidas de largos periodos de paz, pero no una paz concertada por las partes sino una paz impuesta por un vencedor. Y en todos los casos, las erupciones -no la monótona paz- tuvieron una representación gloriosa en la literatura... La armonía nos resultó insoportable, inhabitable y casi banal. Lo nuestro ha sido siempre el conflicto.
Maquiavelo al añorar una especie de virtud republicana y prudencia que anime la conducción del país fuera del mar de derroches y oportunidades perdidas en el que navega producto de mezquindades pasajeras:
Al desaparecer el poder central del presidente, México se volvió más libre pero sus fuerzas políticas... han sido incapaces de llegar a un acuerdo mínimo para modernizar al país... Conquistamos la democracia pero nos faltan sus costumbres: diálogo, debate, crítica, tolerancia ante la pluralidad, espíritu de negociación, sentido práctico, capacidad de escuchar al otro y, sobre todo, sabiduría para ceder una parte del poder propio en abono del bien común.

jueves, enero 20, 2011

El discurso de John F. Kennedy


Hace cincuenta años tomó posesión como Presidente de Estados Unidos John F. Kennedy, después de una reñidísima contienda electoral; su discurso de asunción del encargo, pronunciado en el cénit de la guerra fría, estaba destinado a introducir varias frases que se constituirían en referencia tanto para el lenguaje político de su país como para el del resto del mundo.

La figura principal en la elaboración del discurso fue Theodore Sorensen, pero el escrito fue modificado y completado con ideas aportadas por varias  personas más antes de ser pronunciado. La frase más conocida del mismo es la icónica: "Ask not what your country can do for you, ask what you can do for your country." La convocatoria a la virtus republicana (de tanta estima para Maquiavelo) que anida en esa oración sigue siendo reciclada por líderes políticos de varios paises. Poca atención, sin embargo, ha recibido la idea complementaria a la misma, pronunciada inmediatamente después, la cual tenía como destinatario a los ciudadanos del resto de las naciones y que lleva implícita toda una doctrina de política internacional: "My fellow citizens of the world, ask not what America will do for you, but what together we can do for the freedom of men."

Del resto de las frases pronunciadas en el discurso, anoto las siguientes que también han pasado a la historia:
  • "Civility is not a sign of weakness"
  • "Let us never negotiate out of fear, but let us never fear to negotiate""
  • "only when our arms are sufficient beyond doubt can we be certain beyond doubt that they will never be employed"
  • "The torch has been passed to a new generation"
El discurso inaugural de Kennedy sigue representando para los políticos un reto, afirma E.J. Dionne en artículo publicado en el Washington Post, en el cual repasa sus orígenes y reflexiona sobre la trascendencia que conserva en nuestros días.


miércoles, octubre 20, 2010

El archidiablo Belfegor, un cuento de Maquiavelo para sonreir


Al pretender escapar de un menoscabo mayor a nuestro patrimonio, después de habernos gastado unos pesos en la librería El Péndulo de Perisur, nos topamos con la bonita presentación de la casa Gadir Editorial de la obra de Nicolás Maquiavelo Belgafor arcidiavolo, traducida por Elena Martínez de quien, presumimos, también son el prólogo y los textos de la contraportada. Se trata, según dichos textos, del único relato de ficción del secretario de la república florentina, lo que sería cierto bajo la premisa de dejar fuera de valoración a la comedia La Mandrágora como "relato". La fábula del archidiablo es prácticamente desconocida fuera de Italia, tomando en consideración que el estudio de Maquiavelo fuera de su patria se ha centrado, con justicia, en sus escritos de ensayo político y, en segundo término, en los de corte histórico. El Relato del diablo que tomó esposa, como también fue conocida la obra, la escribió Nicolás en 1518 y no la vio publicada en vida. No obstante, la trama fue llevada al cine en 1966 por Ettore Scola.

Quienes han estudiado el relato atribuyen su inspiración a cuentos de origen oriental, en los cuales era común presentar la figura del diablo con una connotación humorística, además, "su carácter burlón recuerda los cuentos de Bocaccio". En todo caso, como se sostiene en la contraportada, Maquiavelo, con la ironía y humor que le eran característicos, aún en sus momentos más aciagos, renueva el tema.

La historia comienza con la perplejidad de Hades, o Plutón como se le llama en la obra, frente al inusitado número de almas masculinas que se quejan amargamente en el infierno de su destino, el cual atribuyen a la perfidia de sus esposas. Ante la curiosidad por saber de primera mano si tal torrente de acusaciones al sexo femenino eran justas, los jueces del Averno designan a uno de los suyos, Belfegor, para que suba a la tierra, contraiga matrimonio y regrese al cabo de diez años a dar fé de sus experiencias.

El desarrollar la narración Maquiavelo aprovecha también para burlarse de las costumbres florentinas, del clero, de la aristocracia y de las supersticiones en una alegre historia que incluye cortejo, amor platónico, persecuciones, gratitud, ardides y posesiones demoníacas en las que se ve inmiscuido el buen Belfegor, bajo el nombre terrenal de Rodrigo, para poder cumplir la tarea que le ha sido encomendada por su hermanos infernales. La enseñanza que podría desprenderse de sus aventuras es la siguiente: "el amor tiene sus límites".

En este mes de octubre, resulta pertinente observar que la burla despreocupada que Maquiavelo hace del mismísimo demonio, está muy acorde a la forma, que me parece inteligente, en que el imaginario colectivo en nuestros días, comenzando por los niños, trata a la muerte, los fantasmas, los gatos negros, los esqueletos, las brujas y otras representaciones de seres horripilantes y de ultratumba, originalmente concebidos para infundir temor al ser humano.

sábado, septiembre 18, 2010

Crónicas de lo irracional


¿Todo estado debe tener derecho a desarrollar tecnología que le permita construir armas nucleares? La respuesta, si se parte de un contexto formal de igualdad, debe ir en el sentido de que todos los estados tienen los mismos derechos. Es el discurso que algunos han expresado para repudiar el control, a través de observadores o visitadores de la Organización de las Naciones Unidas, que Estados Unidos y otras naciones impulsan sobre los programas nucleares de Irán y Corea de Norte. ¿Soberanía o seguridad colectiva?, esa parece ser la disyuntiva, sobre la cual no parece razonable pronunciarse desde la comodidad de los conceptos formales, sin atender, como diría Nicolás Maquiavelo, "la realidad efectiva de la cosa".

Después de la reacción del Presidente de Irán a la condena internacional a la sentencia de muerte por lapidación a una mujer iraní acusada de adulterio y de su participación en la Asamblea General de las Naciones Unidas, en la cual sostiene, sin ofrecer pruebas, que el ataque al World Trade Center del 11 de septiembre de 2001 fue fraguado por una conspiración de fuerzas oscuras de Estados Unidos para apoyar a Israel, al menos en el caso de Irán yo estoy por la seguridad colectiva.