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viernes, octubre 12, 2012

Polusión



Ante la asombrosa y notoria coloración de los gases que expedía un camión de transporte público sobre la avenida Magdalena, paralela a Insurgentes, en lo que creo es la Colonia del Valle de la Ciudad de México, decidí tomar video del mismo, para mi sorpresa, al comenzar de nuevo el arranque del autobus dejó de expedirlos en las cantidades "industriales" que lo venía haciendo, sin embargo lo que resultó sigue siendo criticable. Interrumpí al estar cerca de chocar por el lado derecho por andar de "cortometrista".

sábado, agosto 27, 2011

Ciudadanos


Durante una congregación de alrededor de trescientas personas en el Ángel de la Independencia para repudiar la violencia y llamar a la movilización por la paz, relata Daniela Rea en Reforma, un joven de nombre Jordy Melendez reprochó la apatía de los mexicanos que parecen vivir una realidad virtual en el Twitter, Facebook o la televisión y afirmó: "Rechazo la aceptación social del crimen". Otro, cuyo nombre no recogió la reportera, dejó, no obstante, el registro de su indignación y convocatoria:
Tenemos que tomar las calles, la calle es nuestra, no de los militares ni de los narcotraficantes.

sábado, agosto 20, 2011

Adios al Parnaso


Escribe Jairo Calixto Albarrán bonito artículo sobre la extinción de la mítica librería y cafetería El Parnaso, a la que tanto visité en mis tiempos de estudiante y durante los que fueron mis primeros años de ejercicio profesional, principalmente los sábados por la mañana, al final de los ochentas y principios de los noventas. Al evocar sus tiempos en este lugar de Coyoacán, nombrado en honor de la patria simbólica de los artistas, Calixto Albarrán hace la siguiente descripción de los motivos que pueden llevar a las personas a buscar un refugio o guarida de corte intelectual:
Cuando eres feliz e indocumentado y tienes aspiraciones literarias, lo más importante es encontrar un refugio dónde compartir con tus pares esas pasiones al calor de un café o unos tragos. Un espacio para alimentar egos, normar criterios y diseñar complots con los superpoderes de la arrogancia cultural. Y sentirse así como Picasso, Henry Miller, Ernest Hemingway en los recintos parisinos, donde exponían tirrias y logros a los fragores del debate que, regularmente, acababa en los madrazos. Encontrar tu lugar en el mundo de artista adolescente alrededor de una mesa, en el cultivo de los vasos comunicantes del ánimo creativo, la conversación salpicada de citas a pie de plática, el impostergable intercambio de dudas existenciales y de certezas ecuménicas, así como de hazañas amorosas, frustraciones sentimentales y densos espectáculos de la vulgaridad humorística.
El resto del texto, en el que se hacen reflexiones interesantes que llaman a atención sobre la necesidad de preservar los espacios de tradición cultural se puede leer en Adios al Parnaso.

martes, julio 19, 2011

La extinción de los paraisos


La primera vez que entré a una las tiendas Borders me sentí en un mundo de fantasía: todas las revistas imaginables, que eran el objeto de mi búsqueda en esa ocasión, estaban a mis disposición. Pasillos de libros y películas clamaban mi atención, ¡yo sería feliz viviendo aquí! me dije en esos momentos. El impacto que ocasiona la ilusión de tener al alcance de los dedos el poder de disposición sobre un infinito de objetos de nuestro deseo es algo inenarrable. Lo he sentido otras veces igualmente sublimes, por ejemplo recuerdo la primera vez que entré a la Librería Ghandi en Miguel Ángel de Quevedo interesado en libros de derecho, sociología y política o mi encuentro con la mítica Librería del Zótano de Avenida Juarez, casi enfrente del Hotel Regis donde me hospedé, cuando hacía preparativos para venir a estudiar a la Escuela Libre de Derecho y tuve la impertinencia, me dirían después, de dar un paseo nocturno por los alrededores de la Alameda Central para iniciar mi conocimiento de la ciudad; otra ocasión semejante, aunque más enfocada mi atención en esos momentos al sector musical, fue cuando tuve la fortuna de introducirme en esa selva de materiales auditivos, de lectura y de colección que era el establecimiento de Virgin Records en la cercanías de Central Park, durante la que ha sido la única visita que he hecho a la ciudad de Nueva York.

El nombre "Borders" siempre me gustó; al ser nativo de Tijuana cualquier referencia a la frontera o a lo que está en los "márgenes", tiene en mí una amistosa acogida. Tuve el placer de poder conocer los establecimientos de la cadena en algunas otras ciudades de Estados Unidos que pude visitar. Recuerdo con especial nostalgia una ocasión que caminando por las calles, desconocidas para mi, de la ciudad de Boston, me topé con una de las tiendas, bellísima, dicho encuentro me hizo sentirme otra vez como en casa, una casa mental que yo habito, a pesar de encontrarme en tierra extraña. Mis últimos refugios en Borders se limitaron a la tienda ubicada en Plaza Bonita, en San Diego, durante mis visitas fugaces de tres días a mi familia en Tijuana, en donde utilizaba orgullosamente mi tarjeta de clente en libros, revistas, dvds y alguno que otro regalo; era para mi obligado comprar "de pilón" algunos de los inmensos volúmenes sobre todo tipo de cosas interesantes que se encontraban tentadoramente apilados bajo el anuncio en cartón "sale". Tristemente la experiencia narrada no se dará más, Borders, producto de una administracción que no supo adaptarse a los nuevos tiempos se va en lo que es la culminación de una muerte anunciada desde el año pasado.

No sólo Borders, Virgin Records ya no existe, aunque conservo orgullosamente una chamarra negra que adorna la espalda con la palabra que da título a la compañía en sugerente rojo sangrante, y que se dedica ahora a impulsar viajes al espacio, ¡vaya que eso si es adaptación a los nuevos tiempos! Las inmensas tiendas de Tower Records desaparecieron en Estados Unidos (aunque en la Ciudad de México se mantiene una en la Zona Rosa y otra en Altavista, de dimensiones mucho más apretadas, aún con el nombre, como reliquias de otra época en la que fueron marcas de distribución privilegiada de los objetos de mi afecto. Para incrementar la sensación de pérdida me entero recientemente que El Parnaso de Coyoacán, que ya observaba exhausto en mis últimas visitas, cierra. Ghandi de Quevedo persiste pero se ha ampliado a un establecimiento mucho más moderno, dejando enfrente al viejo local, como una especie de Titanic abandonado, ahora minúsculo em comparación con su hermano, limitado a ciertas materias, perdiéndose el efecto a la vez acogedor e intimidante que generaban torres de libros que parecían precipitarse sobre los clientes para absorvernos entre toneladas de hojas impresas al primer descuido. La Librería del Zótano cuya inagen quedó grabada en mi mente despareció con el temblor del 85, pasando a la historia ese zótano que dio nombre a una cadena. Sigue siendo buena librería la ubicada en Miguel Ángel de Quevedo.

La lenta desaparición de mis lugares consentidos de antaño quizá señalan, además de la edad, lo obsolescente de mis prácticas de consumo. No estoy en contra de la tecnología, pero sinceramente no encuentro el mismo grado de placer y gratificación en esa búsqueda ansiosa que tiene por resultado el hallazgo de algún disco o libro altamente deseado que lo que se produce por el click en una computadora, que de manera aburridamente previsible traerá como resultado una descarga de bits o la llegada a mi casa de un libro envuelto en cartón tiempo después. Ese tipo de adquisición no iguala la tenencia cual climax culminatorio de esa emoción que se acumula despordante conforme creemos acercarnos al lugar donde habremos de descubrir al autor o conjunto musical deseado, esa sensación que imagino semejante al encuentro de un tesoro después de días de escudriñar los lugares más recónditos del planeta o, de plano, algo análogo a lo que podría denominar un orgasmo intelectual logrado después de un delicado y prolongado foreplay.

Algo parecido encuentro con la revistas, el placer de dar con ellas conforme aparecen los nuevos números, con fechas en la portada que nunca coinciden con el calendario real, no lo sustituye la fría regularidad de la entrega producto de una suscripción. Sanborns sigue siendo el lugar para esa búsqueda en la Ciudad de México al igual que los establecimientos del Aeropuerto.

Por razones de obsolescencia mental semejante a la antes referida mi última visita, en otros años ritual obligado, a la muy apreciada tienda Best Buy de Mission Valley en San Diego me frustró enormemente, muchísimos menos videos visibles a la mirada de los clientes eran "compensados" con la fría leyenda de que ¡cualquier artículo puede ser pedido en forma electrónica y entregado en casa! ¿Y la búsqueda ansiosa entre un muro de objetos audiovisuales semejante a la muralla china cómo lo sustituyo?, ¿la sensación de victoria entre fanfarrías al encontrar precisamente la película antigua o el disco poco comercial que buscaba donde queda? La tienda no monopolizó mi tiempo como antes lo hacía, los arqueólogos audiovisuales habremos de buscar lugares alternativos.

Como dije al principio Borders se vá, al repetir la trágica noticia me pregunto ¿porqué se mantienen con éxito otro tipo de establecimientos y firmas y se va uno que tanto quiero? Extraño amor a una empresa para la que nunca signifiqué más que uno entre miles de clientes diarios que desfilaban por sus establecimientos como feligreces itinerantes ante un templo. ¿Porqué no se terminan de ir las empresas de Robert Murdoch y se queda Borders? Seguramente porque soy parte de una minoría consumista impotente de influenciar a "los mercados" lo suficiente como para mantener a los antiguos oferentes de nuestros artículos amados, que han sido sustituidos por canales de distribución más eficientes, pero muchos menos "emocionales" que a los que me acostumbré cuando comenzé a tener un sueldo. Pero el dinero no entiende de sentimientos. Tendré que adaptarme y suspirar con nostalgia por mis cada vez más escasos paraisos terrenales.

domingo, mayo 15, 2011

Tragando smog


¿Edificios que comen smog? parece exagerado el título que escogió Andrew Price para su nota en Good Cities, se trata más de bien de una nueva tecnología que ha permitido elaborar una cobertura con base en el titanio la cual, al ser aplicada a páneles de aluminio, permite que con la ayuda de los rayos solares se disuelva el óxido de nitrógeno en una sustancia irrelevante que se lava de los edificios con la lluvia. No será la solución definitiva a la polución, sin embargo diez mil pies cuadrados de aluminio tratado de esta forma tendrían el efecto sobre el ambiente de ochenta árboles.

Muy a propósito del estado de contingencia ambiental anunciado en la Ciudad de México, la fotografía es de una escultura de Carlos Angrigiani denominada Imecas elaborada con una técnica llamada "bronce a la cera perdida". En su blog Angri esculturas el artista explica, respecto a la serie de la cual forma parte la escultura, lo siguiente.
Empecé a trabajar llevado por mi interés en abordar la idea de lo territorial y su relación con los valores más arraigados de la sociedad mexicana como son sus normas, reglas, mitos, creencias y folklore. Aquellos vínculos que unen a los mexicanos y lo reafirman universalmente como sociedad. Para materializarlo, me sedujo la idea de tomar un objeto cotidiano como una huevera (desechable), marco de creación y resignificación para reflejar estos valores (perdurables). Asimismo y para sostener la idea considere adecuado el bronce, como soporte idóneo, con su connotación de resistencia, dureza e intransigencia al paso del tiempo. En estas piezas trabajo los contrastes de material; realizadas en bronce con la técnica de la cera perdida, están patinadas en ciertas partes y pulidas en otras, para oponer lo físico, lo terrenal a lo espiritual y trascendental. Una mirada despojada de solemnidad, trazada con cierta dosis de humor e ironía como recurso de confrontación con la realidad, como espejo de ella misma.

lunes, enero 03, 2011

Trabajo, seguridad y poesía

Las anteriores podrían ser las ideas que dieran lugar a un exitoso eslogan de campaña política en la Ciudad de México, a juzgar por los datos que aporta la clasemediera encuesta sobre Expectativas 2011 que presenta el periódico Reforma.

En efecto, el tenue optimismo en materia económica (49%), adicionado con la fuerte voluntad de ahorrar que presentan los capitalinos (77 % no pedirán préstamos, 81% no piensa adquirir computadoras, el 84%  se mantendrá con sus actuales pantallas de televisión y el 83% no piensa cambiar o comprar coche), producto sin duda de las amargas experiencias de años pasados, parte de la base de que se cuenta con un trabajo el cual se habrá de conservar (49%) o dejar por uno mejor (47%).

Los habitantes de la Ciudad de México no son tan optimistas respecto al tema de la seguridad pública, ya que el 62% no cree que a este respecto se presente mejoría en 2011 y un elevadísimo 50% presiente que serán asaltados ellos o algún miembro de su familia. Más allá del crimen organizado, el robo, quizá el delito del orden común más típico, es una flajelo de presencia común en las percepciones de los habitantes de la ciudad, lo que sugiere también que se desconfía mucho en los demás y que son varios los que se dedican a dicha actividad.

Quizá producto del sutil optimismo en materia económica apuntado, o de la necesidad de salir del exasperante ambiente mediático de noticias relacionadas con la violencia y con la política mediocre, la ciudadanía prevé dedicar más tiempo al arte y la cultura en general y, en particular, lo que daría mucho gusto a Octavio Paz, 54% menciona el deseo de leer poesía y 49% se inclina por las novelas.

Así que ahí tiene usted, mientras en los ochentas se pretendía representar los anhelos de la juventud al ritmo de "autos, moda y rock and roll", hoy esos jóvenes, ahora adultos sostenedores de un hogar, desean un conjunto de cosas más sobrias: trabajo, seguridad y poesía.

No parece mucho pedir a los políticos y suena bien como spot,  mucho más sencillo y optimista que los mensajes  electorales sombríos a los que nos tienen acostumbrados.

El candelero del vicio


Al caminar por uno de los accesos al Centro Comercial Perisur, en la Ciudad de México, me encontré con este acomodo de cigarrillos.

martes, noviembre 02, 2010

La muerte en el Zócalo

Una mexicanísima tradición, se dice que de origen prehispánico, es la de venerar a los difuntos el 2 de noviembre, entre otras cosas, mediante la elaboración y exhibición de calaveras en ese que es su día, el "día de muertos". Señala la UNESCO, en su declaratoria de esta festividad como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad:
"...aunque la tradición no está formalmente amenazada, su dimensión estética y cultural debe preservarse del creciente número de expresiones no indígenas y de carácter comercial que tienden afectar su contenido inmaterial."
No creo que haya motivo para que las efemérides del planeta riñan, en lo personal me gusta festejar todas, no obstante, para contribuir a la preservación de que se habla en la declaratoria citada anexamos una muestra de lo que se presenta en el Zócalo de la Ciudad de México con motivo de esta fecha.



domingo, agosto 29, 2010

El mercader de la lectura


Si alguna actividad de comerciar pudiera llegar a considerarse como noble, quizá sería la relacionada con la transmisión de la cultura, con aquellos menesteres que fomentan el conocimiento de las imágenes, obras, ideas y noticias que dejan huella de los hechos que forjan la historia del hombre. Discutible, pero quizá la naturaleza de las mercancías puedan dotar al mercadeo de cierta connotación moral que siempre se le ha regateado. Si el vendedor es además una persona que lucha por salir avante en una vida transcurrida entre obstáculos, tanto de origen externo como interno, más plausible aún.

Es el caso de Don Ricardo, hombre de piel cobriza, dentadura incompleta, calvicie avanzada y de una cara rugosa propia de su edad, que como muchos otros héroes citadinos, en una esquina de Insurgentes Sur en la Ciudad de México, ofrece su mercancía a la vista de todos: publicaciones vanas, noticias, política, imágenes eróticas, ensayos académicos, deportes y literatura, de todo se encuentra en el espacio fugaz que todos los días hace suyo este mercader de la lectura. Pero no sólo dedica sus empeños a la adquisición y enajenación de sus artículos, sino que también practica lo que su actuar induce.

Es usual verlo concentradísimo en las gastadas hojas de un libro vetusto cuyo lomo batalla por mantener unidas las páginas que lo componen, a punto de desparramarse. Al hacerlo se advierte un frenesí semejante al que demuestra al divisarme a la distancia, cliente seguro a final de cuentas, ansioso e ilusionado de recibir de mi parte un pago adelantado por material para leer en los días venideros que le permita contar con algunos pesos más allá de los ingresos producto de las ventas cotidianas.

¿Qué lee con tanto ahínco diariamente? Me atreví a preguntarle después de meses de curiosidad, lee La Biblia y como variación recurre a "literatura de alcohólicos anónimos", respuesta que encapsula su vida, tanto en sus debilidades pasadas, como en sus fortalezas presentes y anhelos futuros.

El mercader de la lectura amerita un resto de vida digno de su esfuerzo por salir adelante, inmerso en las enseñanzas morales e historias fantásticas que constituyen su universo de letras. Probablemente, al emprender su partida, el destino le depare la suerte de reencontrarse felizmente con algunos de los personajes y pasajes literarios que hoy deleitan su vida.

miércoles, junio 30, 2010

Cuando pase el temblor


Recién desempacado de Tijuana (el avión había aterrizado a la medianoche) y después de un glorioso verano de reencuentro con amigos y juerga, me levanté de la cama con una hora de retraso para dirigirme a la Escuela Libre de Derecho, a lo que hubiera sido mi primer día de clases del segundo año de la carrera; ya había comenzado unas semanas antes el ciclo escolar. Cuando bajaba las larguísimas escaleras de la casa de asistencia en que vivía, en la Colonia Escandón, sentí lo que consideré inicialmente como mareos pero que en realidad eran las primeras manifestaciones de un movimiento telúrico, el grueso del temblor lo pasé asido de las rejas de la casa, junto a la calle, para no caer al suelo; se trataba del terremoto del 85, como se le conoce hoy. En virtud del desconcierto generalizado, más de la mitad del trayecto a la escuela lo tuve que realizar caminando por enmedio de la Avenida Chapultepec, repleta de escombros; al avanzar y observar escenas que parecían más propias de una película que de la realidad, me percaté de lo gravísimo de la situación por lo que me asaltó una urgente necesidad de corroborar si la escuela y mis compañeros, ubicados en la zona que se percibía de mayores daños, seguían con bien; en el trayecto fuí testigo involuntario de estremecedoras escenas de desolación. Lo que vimos y vivimos esos días, tanto nosotros como nuestras familias, es algo que queda grabado para siempre.

Era la época en que despegaba el movimiento o campaña referida como "rock en tu idioma" bajo el cual identificábamos a Nacha Pop, Enanitos Verdes, Neón, Ritmo Peligroso, Mecano, Soda Stereo, Miguel Mateos, La Unión, Alaska y Dynarama, Duncan Dhu, Los Amantes de Lola, Miguel Ríos, Charly García, Hombres G, entre otros. También se desarrollaba, por el lado anglosajón, lo que se conocería como la segunda invasión británica, encabezada por Duran Duran, Culture Club, Spandau Ballet, Simple Minds, U2, Pet Shop Boys, The Smiths, Bananarama, Depeche Mode, OMD, The Cure, Wham, New Order, Tears for Fears, Mike and the Mechanics y otros muchos.

Recuerdo nitidamente a una compañera que meses después me platicaría con emoción, en la cafetería de la escuela que desde luego se mantuvo en pie sin pérdidas humanas que lamentar, que había adquirido boletos para un concierto, creo que en Querétaro o alguna otra ciudad del centro de la república, de Soda Stereo y Radio Futura, a quienes yo no identificaba aún, imbuido más bien en la música británica y estadounidense que dominaba en los videobares y fiestas de mi ciudad natal. La fortuna quizo que a finales de 1985 se realizara el lanzamiento del album Nada Personal de Soda Stereo cuyo éxito principal se llamaria, en asombrosa sincronía, "Cuando pase el temblor", una mezcla de reggae, folklore sudamericano y rock que, incrementado el valor de su letra debido a la experiencia vivida por quienes estudiabamos en la Ciudad de México, tenía una muy especial significación en las fiestas. Siempre he pensado que la canción es una reflexión introspectiva sobre sensaciones muy íntimas, mezclada con elementos de temor frente al caos, no obstante, para nosotros era un motivo para hacer remembranza de los miedos y reacciones que tuvimos al suceder el terremoto y la sentíamos, quizá de manera inconsciente, como un himno a la supervivencia.

Muchas otras canciones autoría de Gustavo Cerati serían nuestras acompañantes durante el desarrollo de la carrera de abogados en "La Libre" y aún más allá. Espero de todo corazón que "cuando pase el temblor" que injustamente se ha ensañado con su salud le sea posible continuar disfrutando de una existencia con calidad de vida, es lo mínimo que podemos desear para él por las numerosas piezas musicales de su composición que han pasado a representar momentos especiales en la vida de nuestra generación "ochentera".

Nota: la fotografía es de Jesús Villaseca.

jueves, octubre 29, 2009

Happy feet II

Creo que octubre de 2009 pasará a la historia de la Ciudad de México como el "Mes de la Conciencia Podológica". Hace apenas días trascendió que la Contaduría Mayor de Hacienda contrató personal e instrumentos para dar masaje y atender las necesidades de las extremidades inferiores de sus funcionarios y ahora el hijo de Andrés Manuel López Obrador, precisamente en un mitin para criticar los excesos de los poderosos y potentados, entre otras cosas, es observado portando tenis Louis Vuitton de entre 800 y 900 dólares de valor, a los que en México sólo acostumbran acceder personas que forman parte de los grupos que denuncia su padre.

Más allá de la justamente anotada incongruencia entre el discurso austero y la práctica, en la cual López Obrador es reincidente, más no el único con dicha falencia en la política nacional, podría aprovecharse el "pedestre" debate para proponer algún programa que dote de tenis en la ciudad a tanto chico que no cuenta con elementos para practicar el deporte, desde luego tendrían que ser de precio más accesible que los que usa el junior en sus actividades políticas.

lunes, octubre 26, 2009

Happy feet

Generalmente se critica a los órganos de fiscalización el que al realizar sus averiguaciones, quizá en un exceso de cautela, acostumbran irse "con pies de plomo", pues bien, parece que nuevos aires soplan en la Ciudad de México para lograr más agilidad en las investigaciones que tienen por objeto revisar la utilización adecuada de los fondos aportados por la ciudadanía, según nos informa La Jornada:
La Contaduría Mayor de Hacienda (CMH) de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, órgano encargado de fiscalizar el buen uso de los recursos públicos del gobierno capitalino, decidió sumar al personal de la institución a un podólogo (pedicuro), cuya tarea es dar masajes en los pies lo mismo a directores generales que a auditores, subdirectores, secretarios técnicos, asistentes y secretarias.
Dice el refrán: "Con pan y vino se anda el camino", no obstante, dicho andar tiene como presupuesto contar con unidades motrices sanas y vigorosas, como bien se han percatado en la unidad gubernamental citada. Si la nueva política tiene como resultado mayor transparencia y un manejo más honrado y eficiente de los caudales públicos, no nos quedará más que apoyarla "a pies juntillas".

sábado, octubre 10, 2009

Flavin "solar"


No sé como catalogar a Dan Flavin, ¿escultor, arquitecto, diseñador? Prácticamente todos quienes lo conocen es a través de la fotografía, como es mi caso. Mejor llamémosle simplemente "artista", toda vez que lo que transmite conecta con la idea de belleza, belleza que "ilumina", ya que además de los efectos sobre el espíritu que pudiera incitar, su trabajo lo realiza con tubos de luz fluorecente, montados sobre espacios. Otra característica es que no titulaba sus obras, simplemente las dedicaba a alguien o a algo, y eso no siempre, por lo que se goza de más libertad para ligarlas con cualquier idea o concepto a que conduzca la imaginación.

Por ejemplo, para algún insensible el montaje de la fotografía que se presenta puede significar simplemente un departamento con una exótica persiana de focos ligeramente abierta en un pasillo que quizá nos lleva al jardin, ¿o a ningún lugar? ¿o a un lugar sublime? Para mi evoca la idea de paz y energía, que emana de un núcleo; por los colores me refiere al sol, un sol pacífico y relajante, que no quema, apenas se entreabre el acceso a un nivel quizá más intenso cercano a la fuente de donde proviene, cuyos efectos amaina la cortina, se trataría de una puerta de acceso a otro lugar, "edénico" si se quiere, donde quizá nos topemos con Homero, Virgilio o San Pedro, esperemos que portando buenas noticias.

¿Cómo disfrutar más la obra? sugiero que sentados en una silla blanca, sobre el pasillo en cuestión, u otro semejante, vestidos comodamente también de blanco, descalzos o con sandalias, degustando alguna bebida compuesta a base de ginebra y escuchando música que constituya una infusión de paz, pero con apasionamiento, como podría ser Ciru-Hua de Lorena Tassinari. Recuerdo que alguna tarde deambulando por las calles del Centro Histórico de la Ciudad de México después de alguna reunión de trabajo, mientras trataba de alejarme de las presiones de la oficina, por casualidad topé con el Teatro de la Ciudad, lugar en el que estaba por presentarse en concierto; a pesar de no conocer su música sentí el impulso de comprar un boleto, me introduje en el lugar y me gustó la experiencia, fue algo que llamaría una mezcla de canto clásico y new age. Para mi sorpresa encontraría después un DVD de esa presentación, en la cual me pude observar entre el público, lo que me hizo ver la urgencia, que sentí por primera vez en mi vida, de someterme a una dieta.

Dan Flavin falleció en 1996. Se adjunta un link a un sitio de la BBC en el cual se aportan datos del artista en ocasión de una exhibición que realizó en Londres, en el cual se pueden apreciar algunas otras de sus creaciones.