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domingo, marzo 13, 2011

Montaigne bloguero

Sostiene Anthony Gottlieb en su colaboración denominada Montaigne´s Moment que quien quiera que escriba algún escrito libre sobre cualquier tema debe en cierta medida algo a Michelle de la Montaigne. Sarah Bakewell sugiere que el ensayista podría considerarse como el primer "bloguero" de la historia, en gran medida debido a que el objeto de sus disquisiciones fue, "narcisistamente", su persona y pensamiento: "sólo mostrarme en mi manera de ser sencilla, natural y ordinaria, sin estudio ni artificio, porque soy yo mismo a quien pinto... yo mismo soy el contenido de mi libro".

Al hablar de sí, no lo hizo con ún ánimo de expiación, a manera de "confesiones" como las escritas por  San Agustín y otros en la Edad Media, sino simplemente por el placer de hacerlo, mezclado entre citas de los clásicos griegos y latinos (que serían en sus escritos los equivalentes a los enlaces o links de los blogs actuales) para deleite de unos pocos amigos, decía él, cosa que creo era un velo para cubrir sus genuinas intenciones: atormentar al temple conservador guardián de los usos sociales tradicionales, disfrutar del placer de azotar los oidos de sus oyentes con sus temeridades, ¡travieso Montaigne! A este respecto el francés se identificaría más con los usuarios del ciberespacio de nuestros días que con aquellos que fueron sus contemporáneos, que no se atrevían a tal manifestación del pensamiento sin miramientos y que le mereció a la colección de sus escritos el calificativo de "vanidad ridícula", con la consiguiente incorporación en el índice de obras prohibidas del Vaticano de 1676 a 1854, casi dos siglos en el infierno de los dictadores de la buena conciencia.

Humanista por los cuatro costados, recurrió a la autoridad de los clásicos de la Antigüedad al hacer sus incursiones en terrenos reservados en el presente, a manera de escudo en su subrepticia labor de cuestionar la moral dominante, con la humildad estratégica de siempre señalar que quizá pudiera equivocarse en sus opiniones. Honesto glosador de las ideas de otros, Montaigne se atrevió, como señala Stefan Zweig, a emanciparse intelectualmente en una época en que la violencia y las ideologías tiránicas parecían imponerse, al tener el coraje de construir con sus escritos "una trastienda del todo nuestra, del todo libre, donde fijar nuestra verdadera libertad y nuestro principal retiro y soledad".

Nota: Gottlieb anota los siguientes libros que constituyen análisis recientes sobre la obra de Montaigne: el muy comentado How to Live: Or A Life of Montaigne in One Question and Twenty Attempts at an Answer de Sarah Bakewell; When I Am Playing with My Cat, How Do I Know That She Is Not Playing with Me?: Montaigne and Being in Touch with Life de Saul Frampton, y What Do I Know? What Montaigne Might Have Made of the Modern World de Paul Kent. Yo agrego el muy socorrido ensayo denominado Montaigne en El Legado de Europa de Stefan Zweig en editorial El Acantilado, misma casa que en un grueso tomo hace una bella edición de Los ensayos de Montaigne con un muy buen estudio introductorio.

miércoles, enero 12, 2011

El tiempo, el espacio y la muerte


En los tiempos de la Grecia clásica, Protágoras de Abdera acuñó una frase, de las más célebres y también controversiales en la historia de la filosofía: “El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto que lo son, y de las no son en cuanto que no lo son”. Siglos después, George Berkeley señaló que lo único que podíamos conocer eran las sensaciones sobre las cosas: "to be is to be perceived", es decir, nuestra conciencia sería el marco dentro del cual comprendemos al universo, sin tener la seguridad de que tal universo exista objetivamente más allá de nosotros. Quizá llevando a un extremo la idea, una relativamente reciente teoría sugiere que el universo es creado por la vida y no al revés.

El biocentrismo afirma que todo lo que experimentamos es sólo información que ocurre en nuestra mente. En este orden de ideas el tiempo y el espacio no serían objetos, sino simplemente formas con las que tratamos de dar sentido a lo que nuestros sentidos perciben, de la misma manera que un lector de discos digitales transforma en una experiencia multidimensional la información con la que se le alimenta. Lo anterior tendría asidero si se toma en cuenta que aún en los sueños nuestra mente genera “realidades” que interactúan con un ambiente “físico” que lo rodea y que, a pesar de tratarse de una mera fabricación mental, experimentamos sensaciones y pensamos en torno a ellas de una manera tan real a como lo hacemos cuando estamos despiertos.

Así, tenemos que los árboles y la nieve se evaporan mientras dormimos, la cocina desaparece cuando estamos en la recámara y el sonido de un reloj o el aroma de una comida, se disuelven cuando nuestros sentidos no los perciben más, por lo que el universo brotaría a la existencia sólo a partir de la vida y no al revés. De esta manera para cada vida existe un universo, su "propio universo", en el cual se generan esferas individuales de la realidad, de las cuales forman parte lo que percibimos como el tiempo y el espacio físico.

Siempre que un filósofo o un físico hablan del tiempo necesariamente lo describen en términos de “cambio”, pero la relacion  no es bilateral,  toda vez que la idea de cambio no requiere de una cierta noción llamada “tiempo” para se explicada. Lo anterior nos trae a colación a Mario Benedetti, el cual nos habla en uno de sus poemas, que presentamos fragmentado, de la imperiosa necesidad de gozar de un tiempo sin tienpo:
Preciso tiempo necesito ese tiempo
que otros dejan abandonado
porque les sobra o ya no saben
que hacer con él...
cándido tiempo
que yo no puedo abrir
y cerrar
como una puerta...
tiempo sin recato y sin reloj...
vale decir preciso
o sea necesito
digamos me hace falta
tiempo sin tiempo.
Bajo la perspectiva que comentamos lo que conocemos como tiempo no sería más que la suma de estados espaciales que ocurren dentro de la mente cuando observamos el fenómeno del movimiento y de los cambios que éste mplica, de manera semejante al continuo de imágenes que dan forma a una película, cuya trama podría ser alterada. Las nociones del tiempo y del espacio no son, en consecuencia, más que las ideas con las que tratamos de organizar comprensivamente el remolino de información que recibimos. El espacio y el tiempo lo son sin espacio y sin tiempo, como requiere el poema de Benedetti, se trata de meras ilusiones.

Al observar a nuestros seres queridos envejecer y morir, generalmente asumimos que una cierta entidad externa, de marcha irrefrenable, a la que denominamos “tiempo”, es la responsable de la fatalidad. Montaigne nos dice, más certeramente, que es incierto saber donde nos espera la muerte, a la cual considera un fenómeno liberador, toda vez que nos desliga de la servidumbre y de las ataduras. No obstante, en un mundo sin espacio y sin tiempo, la muerte no tendría lugar, por lo que, o siempre somos libres, o siempre somos siervos. A pesar de que todos los organismos estamos destinados a la decrepitud y la destrucción biológica, la teoría en comento afirma que el sentimiento de la vida es algo así como una tenue fuente de energía que opera en nuestro cerebro, energía que no se extingue cuando morimos. La inmortalidad no sería entonces una existencia perpetua en un tiempo sin fin, sino una experiencia que reside más bien fuera del mismo tiempo y del espacio, esa supuesta extensión del universo donde están contenidos todos los objetos sensibles que coexisten.

La biología evolutiva apunta que la vida ha progresado desde una realidad unidimensional hacia otras con dos y tres dimensiones y no hay razones, señala Robert Lanza, para pensar que la evolución termina allí. Finalmente, la conciencia se elevaría de manera insensible desde las más elementales formas de vida, atravesando la existencia vertebrada, hacia formas de existencia extracorporal o trascendentes que ni siquiera podemos imaginar. A pesar de que estas existencias menores las podemos experimentar y sentir plenamente, no son más que representaciones de partes de una realidad unitaria que existe más allá de nuestra clásica concepción del tiempo y del espacio.

Para finalizar... otra vez la muerte. Volviendo a su concepción como un acontecimiento liberador, se dice que Albert Einstein llegó a decir, al hablar del fallecimiento de un amigo cercano: "Now Besso... has departed from this strange world a little ahead of me. That means nothing. People like us...know that the distinction between past, present, and future is only a stubbornly persistent illusion." Si Einstein tuviera razón no la tendría Mointaigne, ya que no habría nada de que huir, nada de que liberarnos y, sin embargo, desde una muy alejada e insignificante provincia del sistema, Protágoras estaría en lo cierto, ya que el hombre, desde su muy particular esfera de individualidad, seguiría siendo la medida de todas las cosas.

martes, septiembre 08, 2009

La decencia indecente

¿Qué opinión le merece la fotografía que adorna el inicio de esta entrada? ¿qué representa para usted? ¿a una mujer atractiva, regalo visual dentro de los parámetros de las costumbres y moda en nuestro país?, o ¿acaso a una provocadora indecente que, como Eva hiciera con Adán, pretende inducir a los hombres a seguir el camino del pecado?

viernes, agosto 14, 2009

Al inicio


Así que ésto es un blog, en nuestro caso "el blog de Machiavelli". ¿Porqué las personas tendrán la necesidad de crear uno? Quizá para satisfacer una impulsiva curiosidad por intervenir en esa, aún para muchos esotérica dimensión, que es el ciberespacio; tal vez para atender un incesante apremio de dialogar con uno mismo, como cuando se conversa con el reflejo proveniente de un arroyo o frente al espejo; a lo mejor para satisfacer un fervor narcisista que nos motiva a dejar evidencia a la posteridad de las ideas y pensamientos propios; probablemente para desahogarnos al dirigir un grito de soledad al universo; pudiera ser que sólo por la aventura y morbosidad de relacionarnos aunque sea con "desconocidos".

Independientemente de cual sea la aleación perfecta de todas las anteriores motivaciones para solucionar la cuestión con exactitud, considero que se trata de un diario o bitácora de la introspección, de un apacible muro de las reflexiones, pariente virtual lejano del más acuciante y material muro de las lamentaciones. Tomando palabras prestadas de Montaigne, podría tratarse de "... una trastienda del todo nuestra, del todo libre, donde fijar nuestra verdadera libertad y nuestro principal retiro y soledad."

Al hacerlo, no puedo dejar de afligirme por los escritores y momentos memorables para la literatura y la filosofía disipados por el hecho de que esta posibilidad sea un privilegio apenas en nuestros días. ¿Qué hubiera escrito en un blog Nicolás Maquiavelo por las noches, después de
dialogar con los clásicos griegos y latinos, ataviado con sus mejores prendas?, ¿qué pudo haber plasmado Sócrates, si al realizar su labor permanente de tábano moral de la sociedad ateniense hubiera dejado de lado la fobia a la palabra escrita que Platón le atribuye?, ¿cómo serían las notas clandestinas legadas por Juana de Asbaje a la posteridad, al resguardo de los ojos de la inquisición?, ¡con cuánto suspenso y pesadillas adicionales nos habría inquietado Edgar Allan Poe!, ¡qué de fantasías hubiera imaginado recurriendo a este laberinto eterno de bits, auténtica biblioteca interminable de libros de arena, Jorge Luis Borges!

Habría que llorar también por las creaciones de cuya existencia pretérita sabemos pero que desdichadamente no tuvieron un medio apropiado para su preservación y duplicación, como las obras de Protágoras de Abdera, quemadas en la plaza pública de Atenas por atreverse demasiado con los dioses, la grandiosa Biblioteca de Alejandría, que cedería a las llamas de la intolerancia religiosa o, más recientemente, los escritos reducidos a cenizas de Aldous Huxley al arder en llamas su biblioteca.

Así que, a diferencia, aunque con muchos menos merecimientos, que todos ellos, reconozcamos lo venturosos que somos por tener en nuestras manos esta maravillosa tecnología e impregnémosla de humanismo, inteligencia y bondad, para que muchos siglos después de los nuestros, si alguien o algunos necesitaran tener noticias de nuestras sociedades, sepan que en ellas existían personas dignas de ser sus antecesores.

Todo inicio tiene un fin, por lo que respecto a su destino considero que un blog puede entenderse como algo semejante a un puñado de semillas cuya germinación y frutos no podemos vaticinar y que, sin embargo, esperamos con fruición; como una sonda que bajo un manto de incertidumbre hundimos en el mar pero con la ilusión de que nos revele el hallazgo de algún arcano tesoro.