Recent Posts

Mostrando entradas con la etiqueta Muerte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Muerte. Mostrar todas las entradas

miércoles, julio 06, 2011

El filósofo y los obispos


El catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid, Alfonso Ruiz Miguel, nos ofrece en conciso artículo denominado Los obispos y la ley de muerte digna, su punto de vista en relación con la reacción del episcopado español a dicho proyecto. A su postura liberal y humanista agrega una fuerte crítica, que parece indignación, ante la postura de la Iglesia y el propio proyecto que impulsa el Gobierno, que le parece timorato:
Al parecer, dos argumentos fundamentales del portavoz de la Conferencia Episcopal para oponerse a la ley de muerte digna son que el proyecto olvida que la vida humana pertenece a Dios, su propietario, y que parte de una concepción "prácticamente absoluta" de la autonomía personal.

Parece mentira que la jerarquía eclesiástica pretenda seguir imponiéndonos a todos las consecuencias morales que ella deriva de hipótesis tan peregrinas como que semejante ente de razón, en cuanto propietario de los humanos, ha tenido a bien prohibirnos la eutanasia para que podamos encontrar "el sentido oculto del dolor y la muerte".

¿No les basta con el castigo divino ultraterreno, y quieren que también pasemos alguna cuota de infierno en esta vida? ¿Por qué no se limitan a aconsejar a sus feligreses que rehúsen acogerse a las previsiones de la ley en ejercicio de esa autonomía que los obispos pretenden limitar a todos pero que la ley no niega a nadie? Aunque, puesto a pedir, en esta ocasión el legislador podría evitar el persistente error de intentar contentar a los obispos católicos, que no se conformarán nunca con menos que con la estricta imposición universal de sus intolerantes doctrinas.

La población española, según han señalado repetidas encuestas del CIS, acepta muy mayoritariamente formas de muerte digna voluntaria perfectamente razonables que ahora son delito y que no dejarán de serlo con una ley tan pacata como la que acaba de presentar el Gobierno.

viernes, julio 01, 2011

Muerte digna


Se discute en España el proyecto de Ley reguladora de los derechos de la persona ante el proceso final de la vida, que puede consultarse en este lugar. Desde mi punto de vista sus aspectos torales son los siguientes:
  • Todas las personas que se encuentren en el proceso final de su vida tienen derecho a la protección de su dignidad y a que se garantice el efectivo cumplimiento de los derechos reconocidos en la presente ley, en condiciones de igualdad y sin discriminación alguna. En particular, como manifestación del derecho a la integridad física y moral, se garantizará su derecho a decidir libremente sobre las intervenciones y el tratamiento a seguir en dicho proceso, incluidos los cuidados necesarios para evitar el dolor y el sufrimiento.
  • Las personas que se encuentran en el proceso final de la vida tienen derecho a recibir toda la información disponible sobre su estado real de salud, sus expectativas de vida y de calidad de la misma, y las medidas terapéuticas y paliativas que, de acuerdo con ella, le resultarían aplicables.
  • Las personas que se encuentren en el proceso final de su vida tienen derecho a que se respete su decisión sobre la atención sanitaria que se les dispense. De acuerdo con lo anterior, podrán rechazar las intervenciones y los tratamientos propuestos por los profesionales sanitarios, aún en los casos en que esta decisión pudiera tener el efecto de acortar su vida o ponerla en peligro inminente,
  • La negativa a recibir una intervención o tratamiento, o la decisión de interrumpirlos, no supondrá menoscabo alguno en la atención sanitaria de otro tipo que se le dispense, especialmente en lo referido a la destinada a paliar el sufrimiento, aliviar dolor y otros síntomas y hacer más digno y soportable el proceso final de su vida.
El Pais reporta que Los obispos combatirán "con todos los medios" la ley de nuerte digna. La opinión que resume la posición es la que se anota en el párrafo de entrada de la nota:
"Cuando afirmamos que es intolerable la legalización abierta o encubierta de la eutanasia, no estamos poniendo en cuestión la organización democrática de la vida pública, ni estamos tratando de imponer una concepción moral privada al conjunto de la vida social. Sostenemos sencillamente que las leyes no son justas por el mero hecho de haber sido aprobadas por las correspondientes mayorías, sino por su adecuación a la dignidad de la persona humana."
Los obispos saben muy bien la crítica que se hace a las iglesias de las distintas religiones del mundo cuando se pronuncian sobre temas que inciden, o pretenden incidir, en la moral positiva de la sociedad: la tentativa de llevar a cabo una "imposición" de su particular manera de ver las cosas, inclusive entre aquellos miembros de la sociedad que no forman parte del grupo religioso. Sin embargo, ¿con fundamento en qué es intolerable el proyecto? Dicho fundamento no puede ser otro más que la particular concepción de los funcionarios de dicha orden religiosa, inspirada seguramente en su interpretación de los textos que consideran sagrados, por lo que no estamos ante pareceres establecidos después de una discusión democrática (es de mencionarse que a los obispos les parece que el proyecto tiene como defecto "una concepción de la autonomía de la persona prácticamente absoluta"). De ser el caso, sí que se está ante el intento de imponer una prohibición  la fijación de un derecho, que como derecho subjetivo que es, implica una posibilidad de actuar respaldada por el orden jurídico, no un deber inescapable por el que coercitivamente se motiva a los sujetos a llevar a cabo conductas que de otra manera no harían. ¿Porqué negar lo que muchos piden y que no se impone a nadie que piense distinto?

Tienen razón los obispos al afirmar que el mero cumplimiento de un trámite formal no hace al resultado de dicho proceso "justo". Es más, en una democracia cualquier producto de la convención no es más que un arreglo temporal que debe estar sometido permanentemente a la crítica y a su mejora, lo relevante es configurar la arena adecuada en la que florezca la argumentación libre y racional. En el caso que nos ocupa, la vara de la justicia, desde el punto de vista de los obispos, es lo que ellos llaman "adecuación a la dignidad de la persona humana", sin embargo, la existencia y alcance preciso de dicha regla es algo que debe demostrarse y explicarse, más allá de las frases ambiguas de los discursos.

En este y otro tipo de asuntos se debe estar en disposición de defender una idea y de confrontarla con otras para llegar a una ley aceptable y útil, pero ese ejercicio es imposible cuando se parte de descalificar como "intolerable" el pensamiento distinto y afirmar que será combatido "con todos los medios". 

    
    

domingo, junio 19, 2011

Espejismo generacional



El trayecto de la juventud a la vejez de un escritor, desde la alineación generacional de la primera a la soledad creadora y vital de la última, nos dice Juan Goytisolo, suele ir acompañado de actitudes autoafirmativas que hacen tabla rasa del pasado inmediato y conducen al parricidio.
Al hacerlo nos deja una frase de Manuel Azaña sobre este desencuentro: "La sangre moza se imagina que el mundo nace de su calor; la sangre amortecida, que con ella descaece la vida." ¿Ego generacional?, ¿mutua incomprensión?, ¿rechazo a la fatalidad?, ¿complejo de superioridad? Goytisolo prefiere hablar de espejismo, "espejismo generacional", que sólo ante la cercanía de la desaparición física puede eludirse.
El articulista nos deja la prescripción del crítico literario ante esta circunstancia: "Como del localismo geográfico, así está obligada la razón a liberarse del localismo temporal que corta la duración en círculos intangentes, trazados sobre la edad."

lunes, junio 06, 2011

Iluminando el pasado

"El tiempo saca a luz todo lo que está oculto y encubre y esconde lo que ahora brilla con el más grande esplendor", solía decir el poeta latino Quinto Horacio Flaco. Pues bien, recobra vigencia la frase de Quinto en Chile, cuyas autoridades judiciales han decidido urgar en el pasado e investigar dos muertes cuya explicación oficial es disputada: el suicidio de Salvador Allende y el fallecimiento atribuido a cáncer de próstata del poeta Pablo Neruda.

El Partido Comunista, agrupación política en la que militaba Neruda, afirma contar con elementos para dudar de la versión oficial sobre el deceso, en particular el testimonio de Manuel Araya, chofer y asistente del Nobel de Literatura, quien ha declarado que éste fue asesinado con la inyección que le aplicó un médico, sólo 12 días después del golpe militar que derrocó a Salvador Allende, el 11 de septiembre de 1973, lo que se presume pudo haber sido motivado para evitar las repercusiones internacionales de un exilio que se dice que el poeta tenía contemplado.

En el caso de Allende, la hipótesis que se quiere explorar es la de la existencia de un segundo disparo con un arma de bajo calibre, lo que evidenciaría que más que un suicidio, de lo que se trató fue de un homicidio. A diferencia del caso de Neruda, esta investigación no cuenta con la venia de los cercanos del expresidente, en particular de su familia, quienes consideran la hipótesis infundada y animada por intenciones publicitarias más que forenses.

En un mediano plazo conoceremos el resultado de estas averiguaciones sobre lo pretérito para enfrentarnos a la verdad o bien, como suele suceder en este tipo de casos, a la prolongación del enigma ante la imposibilidad de una aseveración, más que científica, políticamente concluyente. Terminamos con Neruda y su Oda al Pasado:

Hoy, conversando,
se salio de madre
el pasado,
mi pasado.
Con indulgencia
las paquenas
cosas sucias,
episodios
vacios,
harina negra,
polvo.
Te agachas
suavemente
inclinado
en ti mismo,
sonries,
te celebras,
pero
si se trata
de otro, de tu amigo,
de to enemigo,
entonces
te tornas despiadado,
frunces el ceno:
Que cosas hizo ese hombre!
Esa mujer, que cosas
hizo!
Te tapas
la nariz,
visiblemente
te desagradan mucho
los pasados ajenos.
De lo nuestro miramos
con nostalgia
los peores dias,
abrimos
con precaucion el cofre
y enarbolamos,
para que nos admiren,
la proeza.
Olvidemos el resto.
Solo es mala memoria.
Escucha, aprende:
El tiempo
se divide
en dos rios:
uno
corre hacia atras, devora
lo que vives,
el otro
va contigo adelante
descubriendo
tu vida.
En un solo minuto
se juntaron.
Es este.
Esta es la hora,
la gota de un instante
que arrastrara el pasado.
Es el presente.
Esta en tus manos.
Rapido, resbalando,
cae como cascada.
Pero eres dueno de el.
Construyelo
con amor, con firmeza,
con piedra y ala,
con rectitud
sonora,
con cereales puros,
con el metal mas claro
de tu pecho,
andando
a mediodia.
sin temer
a la verdad, al bien, a la justicia,
companeros de canto,
el tiempo que transcurre
tendra forma
y sonido
de guitarra,
y cuando quieras
inclinarte al pasado,
el manantial del tiempo
transparente
revelara tu integridad cantando.
El tiempo es alegria.

martes, mayo 03, 2011

La muerte del terrorista y la democracia

Excelente apertura a lo que sin duda será una apasionada sección de comentarios a la nota Behind the Hunt for Bin Laden del New York Times. La autora del comentario se identifica como Amanda, de Sao Paulo, Brazil:
I agree that because of the terrible acts this man had perpetrated, he deserved to be punished. But why not with a trial, at a court of law? Why the murder? Why the disposal of the body at sea, depriving the family of a proper funeral?
Coming from a country that suffered many years of dictatorship, during which such actions were common, I am afraid I expected more from a democratic nation. Especially from the one which I believed was the defender of democracy and human rights in the world.
The death of Osama does not, in any way, represent a loss to our world. However, his murder does.
Agregamos como corolario una caricatura de Arístides Hernández que viene muy al caso con el comentario citado.

martes, marzo 15, 2011

Idus de marzo

En la Roma antigua los idus eran considerados como fechas de buenos augurios que tenían lugar los días 15 de los meses de marzo, mayo, julio y octubre, el resto de los meses los idus correspondían al día 13. Julio César fue advertido por un adivino que tuviera cuidado del idus de marzo, admonición que según la leyenda desestimó: "Los idus de marzo ya han llegado"; a lo que el vidente contestó, compasivamente: "Sí, pero aún no han acabado"
 





miércoles, enero 12, 2011

El tiempo, el espacio y la muerte


En los tiempos de la Grecia clásica, Protágoras de Abdera acuñó una frase, de las más célebres y también controversiales en la historia de la filosofía: “El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto que lo son, y de las no son en cuanto que no lo son”. Siglos después, George Berkeley señaló que lo único que podíamos conocer eran las sensaciones sobre las cosas: "to be is to be perceived", es decir, nuestra conciencia sería el marco dentro del cual comprendemos al universo, sin tener la seguridad de que tal universo exista objetivamente más allá de nosotros. Quizá llevando a un extremo la idea, una relativamente reciente teoría sugiere que el universo es creado por la vida y no al revés.

El biocentrismo afirma que todo lo que experimentamos es sólo información que ocurre en nuestra mente. En este orden de ideas el tiempo y el espacio no serían objetos, sino simplemente formas con las que tratamos de dar sentido a lo que nuestros sentidos perciben, de la misma manera que un lector de discos digitales transforma en una experiencia multidimensional la información con la que se le alimenta. Lo anterior tendría asidero si se toma en cuenta que aún en los sueños nuestra mente genera “realidades” que interactúan con un ambiente “físico” que lo rodea y que, a pesar de tratarse de una mera fabricación mental, experimentamos sensaciones y pensamos en torno a ellas de una manera tan real a como lo hacemos cuando estamos despiertos.

Así, tenemos que los árboles y la nieve se evaporan mientras dormimos, la cocina desaparece cuando estamos en la recámara y el sonido de un reloj o el aroma de una comida, se disuelven cuando nuestros sentidos no los perciben más, por lo que el universo brotaría a la existencia sólo a partir de la vida y no al revés. De esta manera para cada vida existe un universo, su "propio universo", en el cual se generan esferas individuales de la realidad, de las cuales forman parte lo que percibimos como el tiempo y el espacio físico.

Siempre que un filósofo o un físico hablan del tiempo necesariamente lo describen en términos de “cambio”, pero la relacion  no es bilateral,  toda vez que la idea de cambio no requiere de una cierta noción llamada “tiempo” para se explicada. Lo anterior nos trae a colación a Mario Benedetti, el cual nos habla en uno de sus poemas, que presentamos fragmentado, de la imperiosa necesidad de gozar de un tiempo sin tienpo:
Preciso tiempo necesito ese tiempo
que otros dejan abandonado
porque les sobra o ya no saben
que hacer con él...
cándido tiempo
que yo no puedo abrir
y cerrar
como una puerta...
tiempo sin recato y sin reloj...
vale decir preciso
o sea necesito
digamos me hace falta
tiempo sin tiempo.
Bajo la perspectiva que comentamos lo que conocemos como tiempo no sería más que la suma de estados espaciales que ocurren dentro de la mente cuando observamos el fenómeno del movimiento y de los cambios que éste mplica, de manera semejante al continuo de imágenes que dan forma a una película, cuya trama podría ser alterada. Las nociones del tiempo y del espacio no son, en consecuencia, más que las ideas con las que tratamos de organizar comprensivamente el remolino de información que recibimos. El espacio y el tiempo lo son sin espacio y sin tiempo, como requiere el poema de Benedetti, se trata de meras ilusiones.

Al observar a nuestros seres queridos envejecer y morir, generalmente asumimos que una cierta entidad externa, de marcha irrefrenable, a la que denominamos “tiempo”, es la responsable de la fatalidad. Montaigne nos dice, más certeramente, que es incierto saber donde nos espera la muerte, a la cual considera un fenómeno liberador, toda vez que nos desliga de la servidumbre y de las ataduras. No obstante, en un mundo sin espacio y sin tiempo, la muerte no tendría lugar, por lo que, o siempre somos libres, o siempre somos siervos. A pesar de que todos los organismos estamos destinados a la decrepitud y la destrucción biológica, la teoría en comento afirma que el sentimiento de la vida es algo así como una tenue fuente de energía que opera en nuestro cerebro, energía que no se extingue cuando morimos. La inmortalidad no sería entonces una existencia perpetua en un tiempo sin fin, sino una experiencia que reside más bien fuera del mismo tiempo y del espacio, esa supuesta extensión del universo donde están contenidos todos los objetos sensibles que coexisten.

La biología evolutiva apunta que la vida ha progresado desde una realidad unidimensional hacia otras con dos y tres dimensiones y no hay razones, señala Robert Lanza, para pensar que la evolución termina allí. Finalmente, la conciencia se elevaría de manera insensible desde las más elementales formas de vida, atravesando la existencia vertebrada, hacia formas de existencia extracorporal o trascendentes que ni siquiera podemos imaginar. A pesar de que estas existencias menores las podemos experimentar y sentir plenamente, no son más que representaciones de partes de una realidad unitaria que existe más allá de nuestra clásica concepción del tiempo y del espacio.

Para finalizar... otra vez la muerte. Volviendo a su concepción como un acontecimiento liberador, se dice que Albert Einstein llegó a decir, al hablar del fallecimiento de un amigo cercano: "Now Besso... has departed from this strange world a little ahead of me. That means nothing. People like us...know that the distinction between past, present, and future is only a stubbornly persistent illusion." Si Einstein tuviera razón no la tendría Mointaigne, ya que no habría nada de que huir, nada de que liberarnos y, sin embargo, desde una muy alejada e insignificante provincia del sistema, Protágoras estaría en lo cierto, ya que el hombre, desde su muy particular esfera de individualidad, seguiría siendo la medida de todas las cosas.

martes, noviembre 02, 2010

La muerte en el Zócalo

Una mexicanísima tradición, se dice que de origen prehispánico, es la de venerar a los difuntos el 2 de noviembre, entre otras cosas, mediante la elaboración y exhibición de calaveras en ese que es su día, el "día de muertos". Señala la UNESCO, en su declaratoria de esta festividad como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad:
"...aunque la tradición no está formalmente amenazada, su dimensión estética y cultural debe preservarse del creciente número de expresiones no indígenas y de carácter comercial que tienden afectar su contenido inmaterial."
No creo que haya motivo para que las efemérides del planeta riñan, en lo personal me gusta festejar todas, no obstante, para contribuir a la preservación de que se habla en la declaratoria citada anexamos una muestra de lo que se presenta en el Zócalo de la Ciudad de México con motivo de esta fecha.



sábado, junio 26, 2010

Caronte

Hace exactamente un año me encontré, de manera inesperada, en una escalofriante circunstancia que, tras un periodo de guarda y asimilación, procedo a narrar ahora para cumplir una promesa de ultratumba. Lo que pensé sería una visita medica que resultaría en no más que una amonestación de parte del discípulo de Hipócrates, se convirtió en una intervención de urgencia. Al ser conducido al lugar en el que se llevaría a cabo la empresa, infestado de delgados tubos de plástico que se adherían a distintas partes de mi cuerpo, y ante mi desasosiego fruto del nerviosismo, recibí de un doctor el siguiente consejo jovial: "tu sólo sigue la luz", la broma me tranquilizó y perdí confiado la conciencia al respirar los irresistibles vapores de la anestesia.

viernes, enero 22, 2010

La edad


Edad es una palabra que alude al tiempo de vida que llevamos en la tierra. Se trata de un dato de medida, de un registro que usamos por costumbre. Algún día a alguien se le ocurrió que midiéramos el tiempo tomando como referencia el movimiento de los astros en relación a nuestro planeta, por lo que, desde entonces, somos hijos y siervos de un ciclo sideral.

Cada especie tiene su lapso de subsistencia, hemos podido prolongar el nuestro en alguna medida pero aún no tanto como quisiéramos. Existen seres cuyo período de vida es menor al nuestro, no obstante, comparados con las tortugas gigantes, los cisnes o las guacamayas nuestro paso por la tierra es breve. Si algún día tuviéramos acceso a la inmortalidad seguramente se nos pediría morir de manera voluntaria después de cumplir nuestra licencia de vida, como un juego en un parque de diversiones, a menos que la humanidad pueda extenderse a otros planetas y hubiera superado el egoísmo para pactar una mejor distribución de recursos.

Al nacer iniciamos nuestro inexorable camino a la decrepitud y la decadencia, para finalmente morir por el desgaste de fuerzas. ¿Estaré a la mitad de la vida como Dante al iniciar su célebre recorrido por el mundo subterráneo? Sí, me considero a la mitad de la vida y muy jovial por cierto. No obstante, ya hay muestras del irrefrenable avance de Cronos en nuestra armazón corporal:
  • el vigor y la resistencia física han disminuido, las articulaciones reclaman cuando antes eran discretas, la espalda sugiere no acometer brusquedades, las rodillas piden prudencia al bajar y subir escaleras.
  • al erguirnos tenemos que recurrir al auxilio de algún apoyo cuando antes el solo vigor de nuestras piernas nos levantaba.
  • las canas, siempre inoportunas, llaman la atención sobre la antigüedad de nuestra estancia terrenal y para leer requerimos ahora de lentes especiales.
  • el cuerpo pide dormir más disciplinadamente y al hacerlo, nos levantamos de la cama con dolores en los hombros y en el cuello que antes no se presentaban.
  • se acusa una cierta descoordinación entre la mente y los músculos al emprender tareas conjuntas, lo que la mente desea no siempre puede acometer el cuerpo.
En fin, cual reliquias vivientes, somos testigos frente al espejo de cómo la arena de nuestro reloj biológico pasa lenta pero implacablemente de un hemisferio a otro. Si todos estos síntomas se dan ¿por qué será que varios parecemos conservar siempre el alma de niños? quizá porque no siempre quien tiene más vida vive más, ¿quién tiene más urgencia por vivir, un adolecente ansioso por comerse el mundo a puños o un anciano que se levanta temprano para extraer hasta la última gota a su existencia? Percatándonos de la finitud de la era propia, quizá es momento de dejar evidencia de nuestro paso por el planeta, de planear lo que queda, de materializar ideas y propósitos siempre pospuestos. Un corte de caja de media vida nunca le vino mal a nadie. Tenemos que gozar plenamente lo que nos resta y prepararnos dignamente para la muerte.

lunes, septiembre 21, 2009

Cinco minutos con Richard Dawkins


Reconocido agnóstico e intelectual inglés, autor, entre otros libros, de El gen egoista, Evolución: el mayor espectáculo sobre la tierra y El espejismo de dios, se somete a una descarga de preguntas en cinco minutos formuladas por Matthew Stadlen de la BBC. Entre los temas tocados en ese brevísimo lapso: las razones de sus dudas sobre la existencia de dios, su postura escéptica como manera de acercarse a la verdad ("no se puede creer aquello sobre lo que no hay evidencia"), la idea del infierno como artilugio para asustar niños, el significado de la muerte. En relación con la pregunta que podríamos traducir como ¿cuál es el sentido de la vida? ("what it´s the point"), contesta: vivir la vida a lo máximo, disfrutarla, entenderla, dar todo lo que podamos como humanos, hacer las cosas que nos hacen ser felices.