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lunes, agosto 08, 2011

La culpa es de las neuronas


Informa Julie Creswell, en Pressing All the Buttons for a Panic Attack, del advenimiento de un área de estudio llamada "neurofinanzas" que intenta explicar cómo nuestros circuitos fundamentales pueden ignorar a la razón cuando se trata de invertir. De esta manera tenemos que la crisis financiera del 2008 recalibró la psicología del inversionista, que después de vivir el colapso de Lehman Brothers tiende a vender primero y hacer preguntas después. El resultado es que, a la menor provocación, "los mercados se vuelven locos".

Detalla lo anterior Denise Shull:
Tu cerebro enfrenta la incertidumbre (cuando reconoce que está en una situación incierta) al tratar de ubicarla en un contexto más grande… El contexto del 2008 y no querer ver que suceda de nuevo influiría totalmente en estas personas a oprimir el botón de vender. Entonces se vuelve una realidad para el mercado.
Toda vez que a "los mercados" no los podemos enviar al manicomio para que no sigan causando perjuicios, sería más práctico ubicar a los "poseidos por sus neuronas" y adecuar el marco regulatorio de las prácticas financieras para ponerlo a la par de la ética.

domingo, julio 31, 2011

La racionalidad de la locura



Señala Jorge Volpi que quienes se sienten llamados a cumplir una misión para salvar a las sociedades necesitan de una comunidad real o imaginaria que celebre y comprenda su sacrificio, de un público para su drama:
…estar loco, o al menos loco como Breivik o Kaczynsky, no significa carecer de razón o inteligencia –ni dejar de ser humano-, sino habitar un universo paralelo, tan sólido como el nuestro, pero dotado con una moralidad perversa.
Mientras los abogados de Breivik valoran el argumento de la insanidad cono defensa, señala el escritor que la locura del neotemplario, el Unabomber o Hitler no fue provocada por repentinos cortocircuitos en el neocórtex o la ausencia de cierto neurotransmisor:
El cerebro humano es una máquina híbrida: está  formado tanto por las neuronas como por las ideas producidas en ellas. Sólo que a veces éstas se comportan como virus; si nos exponemos a sus variedades más peligrosas, es probable que terminemos contagiados... Su enfermedad no es psiquiátrica, sino ideológica.
¿Existe responsabilidad de quiénes inyectan a las mentes moralmente débiles ideas que los incitan a destruir al ser humano y al resto de la naturaleza? Todos parecen decir que sí, sin embargo, la cuestión del grado exacto de dicha responsabilidad sigue siendo disputada, mientras parece obligado releer El malestar en la cultura de Freud. La tipificación de los "delitos de odio" parece ser un primer paso en la dirección correcta para proteger lo que Volpi llama "la idea de humanidad". Dicho paso, no obstante, será insuficiente de no acompañarse de un impulso vigoroso de la idea de la tolerancia y de la discusión democrática por todos los rincones del planeta.

jueves, febrero 03, 2011

Alegato personal

El año pasado en nuestro país, la Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró la constitucionalidad de la adopción por parte de matrimonios del mismo sexo. En contra de tal posibilidad se esgrimió el supuesto reconocimiento constitucional a la figura de la familia tradicional y la preservación del interés superior de los menores, el cual se vería afectado al privárseles de la oportunidad de contar con una madre y un padre, independientemente de las posibles afectaciones a su desarrollo psicológico al educarse bajo la guía de una pareja de homosexuales. Existieron otros "alegatos", más primitivos: "Es una aberración... ¿A ustedes les gustaría que los adopten una pareja de maricones o lesbianas?" Relacionado con el tema,  hace apenas unos días, durante la discusión de una iniciativa de reforma a la constitución del estado de Iowa, mediante la cual se eliminaría el reconocimiento legal a las uniones entre personas del mismo sexo, un joven de diecinueve años tuvo la oportunidad de expresar argumentos y a la vez "presentarse" como prueba en contra de la reforma:

jueves, enero 27, 2011

Dios y los animales


Me gusta la manera como Amartya Sen trata de introducirnos a la discusión sobre la idea de justicia:
"En el pequeño mundo en el cual los niños viven su existencia... no hay nada que se perciba y se sienta con tanta agudeza como la injusticia... Pero la fuerte percepción de la injusticia manifiesta se aplica también a los adultos. Lo que nos mueve... no es la percepción de que el mundo no es justo del todo, lo cual pocos esperamos, sino que hay injusticias claramente remediables en nuestro entorno que quisieramos suprimir."
Dicha parte del prefacio del libro de Sen La idea de la justicia, y la percepción a la que se refiere, vino a mi mente al toparme hoy con otro párrafo, éste del artículo God may work in mysterious ways, but cognitive science is getting a handle on them del psicólogo Jesse Bering, extracto del capítulo introductorio a su libro The Belief Instinct: the Psychology of Souls, Destiny and the Meaning of Life. Entre la sugerentes ideas del libro, que a más de uno habrán de dejar atónito, está la que afirma que la presencia de la idea de un Dios en nuestra vida probablemente es una reacción de nuestro cerebro para desahogar la necesidad imperiosa de una presencia protectora al encontrarnos en situaciones de especial infortunio.

Si esa presencia protectora y que encarna todo el bien y la sabiduría posibles existe, ojalá también tenga una forma de reconfortar a los animales, innecesarias víctimas de nuestra crueldad y codicia. No obstante, la ilusión de su existencia no nos excusa moralmente de nuestra falta de acción, en este mundo, para evitar y reparar injusticias provenientes del abuso de poder de la raza humana sobre otras especies, como las que se perciben del siguiente párrafo, recriminador, del texto de Bering:
Back when I was in graduate school, I spent several years conducting psychological research with chimpanzees. Our small group of seven study animals was housed in a very large, very sterile, and very boring biomedical facility, where hundreds of other great apes—our closest living relatives—were being warehoused for invasive testing purposes under pharmaceutical contracts. I saw too many scenes of these animals in distress, unsettling images that I try not to revisit these days. But it occurred to me that if humans were in comparably hopeless conditions as these chimpanzees, certainly the question of God—particularly, what God could possibly be thinking by allowing such cruel travesties—would be on a lot of people’s minds.
No cabe duda de que es perdurable el mensaje moral de fondo que quería transmitir Victor Hugo cuando afirmó: "Los animales son de Dios. La bestialidad es humana. "